MATEMÁTICAS, FÍSICA Y QUÍMICA: Física

Miden el impacto del accidente nuclear de Fukushima en el aire de Sevilla

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Durante el accidente nuclear de Fukushima se emitieron a la atmósfera gran cantidad de elementos radiactivos, que llegaron a lugares tan alejados de Japón como España. Aunque las cantidades detectadas en nuestro país fueron muy bajas, así lo confirman las mediciones de yodo-131 y yodo-129 registradas en Sevilla por investigadores del Centro Nacional de Aceleradores.

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CNA | 22 noviembre 2016 10:16

<p>Variación del yodo radiactivo detectado en Sevilla antes y después del accidente nuclear de Fukushima. / CNA</p>

Variación del yodo radiactivo detectado en Sevilla antes y después del accidente nuclear de Fukushima. / CNA

El 11 de marzo de 2011 la central nuclear de Fukushima, la ciudad japonesa donde esta semana ha vuelto a ocurrir un terremoto, liberó multitud de elementos radiactivos a la atmósfera. Investigadores del Centro Nacional de Aceleradores (CNA), en Sevilla, han analizado ahora los que llegaron a la capital hispalense. En concreto, el yodo-131 y el yodo-129, cuyo periodo de desintegración (tiempo necesario para que se desintegren la mitad de los núcleos de una muestra) es, respectivamente, de 8 días y casi 16 millones de años. 

A pesar de que la 'vida' del yodo-131 es mucho menor que la del yodo-129, el primero presenta una elevada toxicidad, de ahí que sea de gran interés su estudio tras accidentes nucleares. Aunque, precisamente por esa corta vida, una vez ha transcurrido cierto tiempo, ya no se puede evaluar el impacto de este nocivo isótopo, puesto que ya no es detectable. 

Conociendo la cantidad de yodo-129 de una zona se puede deducir la cantidad del nocivo yodo-131 que llegó a ese punto tras un accidente nuclear

De este hecho se ha partido para desarrollar el estudio, publicado en el Journal of Environmental Radioactivity, ya que conociendo la cantidad de yodo-129 de una zona se puede conocer la cantidad de yodo-131 que llegó a ese punto, aun habiendo pasado mucho tiempo. Se trata de reconstruir la señal del yodo-131 a partir de la del yodo-129, que permanece mucho tiempo después del accidente. 

En este trabajo se han comparado la cantidad de yodo-129 y yodo-131 presente en muestras atmosféricas tomadas en Sevilla durante los meses de marzo y abril de 2011, cuando la nube radiactiva llegó desde Fukushima a España. 

Para ello se regristraron medidas de la cantidad de yodo-129 en filtros de alto volumen (para partículas), de carbón activado (para yodo gaseoso) y en agua de lluvia durante los días previos y posteriores al accidente. El yodo-131 ya se midió en su momento en estas muestras, donde aparecía por la catástrofe nuclear. Normalmente los valores no son detectables. Hoy en día ya no es posible detectar el yodo-131 en estas muestras por su corta semivida. 

La primera detección de yodo-131 después del accidente de Fukushima en España se tomó en filtros de alto volumen en Sevilla durante el período del 14 al 21 de marzo, seguido de Cáceres y Barcelona. 

Valores bajos en Sevilla

En general, la comparación de los niveles de yodo-129 detectados en las muestras con los presentes en la literatura científica muestra que sus concentraciones en Sevilla justo después del accidente de Fukushima no era especialmente alto. Estos valores son claramente inferiores a esas mediciones realizadas en las zonas afectadas directamente por los accidentes nucleares o de combustible nuclear plantas de reprocesamiento.

De hecho, la presencia de yodo-129 en la atmosfera en condiciones normales es mayor que los niveles resgistrados en Sevilla por el accidente de Fukushima. Esto se debe a las emisiones de las plantas europeas de Sellafield y La Hague. Las condiciones meteorológicas de aquellos días, sin embargo, hicieron que los vientos predominantes provinieran del Atlántico (de donde vino la señal de Fukushima), y no del norte, de donde vendrían las emisiones de las plantas de reprocesamiento. 

Además, cuando se comparan con la zona Central y Norte de Europa, las concentraciones de yodo-129 en Sevilla son típicamente similares o inferiores. Incluso los niveles se encuentran en filtros de aerosol después de la accidente son similares a los medidos en el mismo lugar en 2001 y 2002. 

Por tanto, se puede afirmar que el impacto del accidente de Fukushima en Sevilla no fue de relevancia en comparación con los valores de fondo detectados en esta ciudad, según los autores. Además, la señal de yodo-129 es detectable en todas las muestras y es perfectamente congruente con la del yodo-131, lo cual permitiría, a priori, reconstruir su señal a partir de la de yodo-129. 

El estudio también demuestra que la espectrometría de masas con aceleradores (AMS) utilizada en este trabajo es una técnica extremadamente sensible que permite realizar estudios de radioactividad ambiental incluso pasados muchos años después del impacto de las actividades nucleares. 

Referencia bibliográfica:
J.M. Gómez-Guzmán, J.M. López-Gutiérrez, R. García-Tenorio, L. Agulló, J.I. Peruchena, G. Manjón, M. García-León. "Estimating the impact from Fukushima in Southern Spain by 131I and Accelerator Mass Spectrometry detection of 129I". Journal of Environmental Radioactivity 1-9, 2016. http://dx.doi.org/10.1016/j.jenvrad.2016.03.008

Zona geográfica: Andalucía
Fuente: Centro Nacional de Aceleradores-ICTS

Comentarios

  • RODRIGO ALVARGONZÁLEZ PICÓN |24. noviembre 2016 13:41:50

    Nos contaminan diariamente mucho más las industrias europeas -de los países industrializados, GB y la Cuenca del Rin, principalmente- que las catástrofes nucleares y ambientales.
    Paradójicamente, las imposiciones, entre otras, de éstos para nuestra entrada en la CEE, allá por 1986, el cierre de toda nuestra industria pesada -amén del desmantelamiento de gran parte de la economía nacional, para dejarnos como el "granero" turístico de Europa- redujo nuestras emisiones contaminantes en parte y nos hace dependientes de las importaciones tanto de bienes como energética, así como aspiradores de los contaminantes de nuestros "socios y supuestos pares".
    Sin embargo, el problema nuclear se da principalmente -sin olvidar la financiación de las petroleras de las campañas antinucleares- también por la elección de un modelo de producción de energía nuclear, impuesto por las empresas estadounidenses del ramo, ineficiente y supuestamente más económico y peligroso que el propuesto en su día por los científicos y que hoy se ha demostrado por algunos de aquéllos, otros jóvenes y nuevas agencias mundiales y organizaciones de los países más avanzados, avalados por Loveloy, autor de Gaia, entre muchos, y ecologistas que han sido capaces de reconocer otras opciones para reducir las emisiones fósiles, junto a las renovables, de modo urgente, publicado en revistas especializadas de primer orden y documentales en las cadenas más prestigiosas- que se poseen -a la espera de lograr que la fusión sea rentable y extendible- sistemas de producción alternativos de energía nuclear mucho menos peligrosos, menos contaminantes, de residuos menos radiactivos, menos vulnerables a terremotos y maremotos y que serían probablemente el único modo de hacer retroceder la temperatura global a niveles aceptables, dado que ni siquiera los acuerdos internacionales sobre el clima son realistas ni el nuevo escenario político, con el impresentable de Trump y las reticencias de China. Pero me temo que esta vez llegaremos tarde y que el presente de nuestros nietos en 30 años será negro y descendente hacia la extinción humana.

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