HUMANIDADES: Lingüística

El recurso de la lengua

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Un estudio de los elementos que intervienen en las dinámicas propias a la lengua permite ofrecer claves a los hablantes para manejar adecuadamente los recursos discursivos que esa lengua pone a su alcance. Esas dinámicas, actualizadas mecánicamente al expresarnos, están hechas de diálogos entre puntos de vista, manifiestos o virtuales, y de estereotipos convocados por las palabras de la lengua.

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María Luisa Donaire | 10 diciembre 2010 14:33

<p>Conseguir una descripción semántica de la lengua que permita dar cuenta de las dinámicas específicas que explican su funcionamiento es uno de los principales retos de la investigación contemporánea en lingüística general. Ilustración: SINC</p>

Conseguir una descripción semántica de la lengua que permita dar cuenta de las dinámicas específicas que explican su funcionamiento es uno de los principales retos de la investigación contemporánea en lingüística general. Ilustración: SINC

Conseguir una descripción semántica de la lengua que permita dar cuenta de las dinámicas específicas que explican su funcionamiento es uno de los principales retos de la investigación contemporánea en lingüística general. Son numerosos los lingüistas que, desde diferentes perspectivas teóricas, buscan nuevas propuestas descriptivas de los fenómenos que se producen en la lengua, con el fin de ofrecer una representación más ajustada de ellos, superando la superficialidad de los análisis tradicionales.

La lengua es algo más que un cierto número de palabras capaces de transmitir determinadas ideas mediante una serie de combinaciones más o menos complejas. La lengua es además, y sobre todo, un medio para establecer relaciones interpersonales, para ejercer una determinada influencia sobre otras personas y obtener determinados fines solamente alcanzables mediante la palabra. Para ello, la lengua se sirve de procedimientos y mecanismos que, lejos de constituir fórmulas rígidas y recurrentes, aparecen como estructuras dinámicas capaces de producir un número infinito de discursos diferentes.

Una de las formas de expresión, de entre las catalogadas por la gramática, que mayor dificultad ha presentado al análisis lingüístico es la llamada “concesión” (el uso de frases como está lloviendo a mares, sin embargo no suspenden el partido). Tradicionalmente, se describe como un procedimiento para dar cuenta de dos hechos que se oponen entre sí, y aparece como la suma de una serie de instrumentos lingüísticos que han de emplearse adecuadamente para dar como resultado el efecto deseado.

Tal descripción no solamente no da cuenta exacta de los mecanismos que intervienen en la “concesión”, sino que no aporta ninguna explicación de los mismos, dejando al hablante a merced de las ambigüedades y malentendidos que surgen de la proximidad de esta forma de expresión con otras similares. La gramática tradicional deja sin respuesta una pregunta fundamental acerca de la oportunidad de introducir esa supuesta oposición, en el transcurso, por ejemplo, de cualquier conversación.

Las hipótesis formuladas por Jean-Claude Anscombre y Oswald Ducrot, investigadores del CNRS de París (el equivalente del CSIC español), resultan un punto de referencia original y riguroso para una descripción lingüística que se propone abordar la función comunicativa de la lengua en su dimensión intersubjetiva y aportar una explicación convincente de por qué son posibles ciertas formas de expresión y otras resultan imposibles.

Desde este marco, la lengua requiere una nueva mirada, una mirada que transcienda el nivel de lo superficial para poder describir las dinámicas que configuran su funcionamiento. Una de esas dinámicas es la que explica por qué cuando queremos imponer nuestro punto de vista lo hacemos discutiendo un punto de vista alternativo y por qué utilizamos determinados procedimientos lingüísticos y no otros: se trata de una estrategia, diseñada por la propia lengua, para presentar lo que decimos como indiscutible e irrebatible. La lengua nos ofrece un procedimiento a la vez ‘democrático’, puesto que ‘finge’ tener en cuenta un punto de vista diferente, pero ‘autoritario’, puesto que no es más que un artificio para anular su validez.

Cuando optamos por emplear una estrategia “concesiva”, es decir, por expresarnos por ejemplo en estos términos: aunque llueva a mares iré a ver ese partido, o bien de esta otra forma: está lloviendo a mares, sin embargo no suspenden el partido, pretendemos, por una parte, invalidar el punto de vista de alguien que pudiera aconsejarnos no ir al partido lloviendo, o criticar a quienes no suspenden el partido con la que está cayendo, y, por otra parte, de esa manera, presentar nuestra opinión como fuertemente reforzada y dejando poco margen a quien quiera contradecirnos.

No se trata, por lo tanto, de dar cuenta simplemente de una oposición entre dos hechos o circunstancias, sino que se trata de una auténtica estrategia para ‘reducir’ a nuestros interlocutores, para ‘devaluar’ su posible discurso, incluso antes de que puedan verbalizarlo. ¿Cómo es ésto posible? ¿Cómo podemos adelantarnos a nuestro ‘adversario discursivo’ sin errar al presuponer en qué sentido va a discutir nuestro punto de vista? La explicación está en la propia lengua, en las dinámicas que configuran sus unidades, en la semántica de las palabras, es decir –en términos de Anscombre–, en los ‘estereotipos’ a los que se asocian y que comparte la comunidad lingüística: el ‘sentido común’ dice, por ejemplo, que llover a mares desaconseja asistir a un partido e incluso celebrarlo. Obsérvese cómo la lengua misma considera, cuando menos, extraño un enunciado como aunque llueva a mares no iré a ver ese partido, y también aunque luzca el sol iré a ver ese partido.

Nuestra investigación, a la vez que muestra la especificidad de esta dinámica, permite poner de manifiesto que esta forma estratégica no es exclusiva de la “dinámica concesiva”, sino que responde en lo profundo a un proceder propio y característico de la lengua, que organiza sus unidades y sus mecanismos de expresión como formas de diálogo bajo una apariencia monológica. Esta configuración dialógica sirve de manera eficaz a la función comunicativa de la lengua.

Nuestro objetivo a largo plazo es construir un modelo aplicable al análisis de otras estrategias argumentativas y otras dinámicas de la lengua, tanto en la lengua francesa, nuestro actual objeto de observación, como en otras lenguas próximas, en particular en español. Paralelamente, nuestro proyecto busca proponer herramientas científicas de análisis lingüístico que puedan servir de apoyo al trabajo de otros investigadores.

En este momento, el grupo de investigación está preparando la publicación de un Diccionario de operadores semántico-pragmáticos que recogerá la descripción de estas dinámicas de la lengua.

Zona geográfica: Principado de Asturias
Fuente: Universidad de Oviedo

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