MATEMÁTICAS, FÍSICA Y QUÍMICA: Astronomía y Astrofísica

Veinte años de ‘Contact’: cuando Jodie Foster nos hizo creer que encontraría vida extraterrestre

  • Facebook
  • Delicious
  • Meneame
  • Arroba

Como pocas películas lo han logrado hasta el momento, este film de ciencia ficción protagonizado por Jodie Foster y basado en un libro de Carl Sagan y Ann Druyan ha influido en la búsqueda de señales de vida más allá de la Tierra. A dos décadas de su estreno, Jill Tarter, la astrónoma en la que se inspira la historia, recuerda los comienzos del proyecto SETI, se emociona ante el descubrimiento de planetas extrasolares y apuesta por un próximo gran hallazgo.

Más información sobre:
contacto
extraterrestres
ciencia ficción
cine

Federico Kukso | | 27 diciembre 2017 08:00

<p>Jodie Foster dio vida a Eleanor “Ellie” Arroway, una científica que encuentra pruebas de vida extraterrestre. / Warner Bros</p>

Jodie Foster dio vida a Eleanor “Ellie” Arroway, una científica que encuentra pruebas de vida extraterrestre. / Warner Bros

El viaje arranca en la Tierra con una canción de las Spice Girls que tenuemente suena de fondo. Continúa a gran velocidad en Marte, el cinturón de asteroides, Júpiter (y el sonido lejano de un discurso de Martin Luther King), Saturno, Urano, la nube de Oort, el sistema estelar Alfa Centauri, la nebulosa del Águila y el frío silencio del vacío interestelar. Y sigue con una vista fugaz de la Vía Láctea, los filamentos y cúmulos de galaxias y la vastedad del universo hasta que la imagen se funde en el ojo una niña de once años frente al micrófono de un radiotransmisor.

En una de las mejores escenas de apertura de toda la historia del cine, la película Contact nos revelaba nuestra dirección cósmica, nos enseñaba nuestro lugar en el universo y los esfuerzos realizados en una ambiciosa cacería científica: la búsqueda de señales extraterrestres. Pasaron veinte años desde el estreno de este film de ciencia ficción dirigido Robert Zemeckis y hasta el momento no hemos detectado ninguna llamada.

“Recién comenzamos a explorar el universo –dice la astrónoma Jill Tarter, la científica en la que Carl Sagan y Ann Druyan se basaron para componer el personaje de la doctora Eleanor ‘Ellie’ Arroway, la protagonista del libro luego convertido en película–. El siglo XX fue el siglo de la física. Yo estoy convencida de que el siglo XXI será el siglo de la biología más allá de la Tierra”.

Una científica despreciada por hombres

En la Universidad de Berkeley en California (EE UU), durante la Conferencia Mundial de Periodistas Científicos Tarter continúa imaginando: “Podríamos llegar a encontrar vida en la superficie de lugares del sistema solar, como las lunas Europa o Encélado, o remotamente mediante la detección de bioseñales en la atmósfera de exoplanetas. O podríamos llegar a comunicarnos a través de detecciones azarosas en el universo. Incluso podríamos exportar la vida en futuras misiones a Marte o a través de propuestas de viajes interestelares, como las velas solares de la iniciativa Breakthrough StarShot y los proyectos 100 year starship o Icarus”.

El film exhibía de una manera realista el trabajo de una científica inteligente y tenaz cuyos esfuerzos eran menospreciados

1997 fue un gran año para las películas basadas en ideas, sueños y pesadillas científicas. Por entonces, también se estrenaban Gattaca, Good Will Hunting, The Lost World: Jurassic Park y Volcano. Pero se recuerda con especial afecto a Contact por su impacto fuera y dentro de la comunidad científica: como pocos films lo habían hecho antes, exhibía de una manera realista el trabajo de una científica inteligente, tenaz y decidida cuyos esfuerzos eran menospreciados en un campo dominado por hombres. En la película, Ellie Arroway es ignorada, cuestionada y ridiculizada por científicos, políticos y religiosos que la rodean.

Algo no muy distinto vivió en carne propia Jill Tarter, hoy de 73 años, una mujer que se abrió paso a codazos en el mundo de las ciencias, la responsable de que SETI –la búsqueda de Inteligencia extraterrestre– existiera. Sus antiguos compañeros la denostaban cuando los intentos de comunicarse con extraterrestres no eran considerados un esfuerzo científico respetado. Pero Tarter no claudicó y dejó un legado increíble a una nueva generación de científicos, especialmente mujeres.

Así como Jurassic Park incentivó en 1993 la dinomanía, Contact impulsó la por entonces naciente caza de planetas extrasolares y la búsqueda de vida más allá de la Tierra. Y, sobre todo, despertó vocaciones científicas en niños y niñas.

SETI, el renacimiento

“En el siglo XX, hubo dos grandes hallazgos que cambiaron nuestra visión del cosmos –cuenta Tarter–. Los extremófilos, organismos que viven en las condiciones más extremas y que nos sugieren que deberíamos expandir nuestras ideas de qué buscar en nuestra exploración del universo; y el descubrimiento de los exoplanetas: ahora sabemos que hay más planetas que estrellas en la Vía Láctea”.

contact_movie_header

Jill Tarter fue una impulsora esencial del proyecto SETI, cuyas antenas buscan señales de civilizaciones más allá de la Tierra. / Warner Bros

La búsqueda de señales de civilizaciones extraterrestres está motivada por profundos deseos humanos de conexión y trascendencia. Se trata de una indagación sobre nuestros orígenes, nuestro lugar en el universo y, también, acerca de nuestro futuro.

El 8 de abril de 1960, el astrónomo Frank Drake se despertó a las 3 de la madrugada y orientó el radiotelescopio Howard Tatel de 26 metros en West Virginia (EE UU), hacia la estrella Tau Ceti. Por primera vez, alguien se esforzaba por abrir las orejas y captar alguna señal emitida por una lejana civilización extraterrestre. Solo detectó un murmulló.

“Buscar señales extraterrestres es más difícil que buscar una aguja en un pajar, y el pajar cósmico es enorme”, dice Tarter, ya jubilada

La NASA apoyó varios proyectos de búsqueda de señales en los 70 y 80 hasta 1994, cuando el Congreso de EE UU desfinanció las investigaciones. “Esperemos que este sea el fin de la temporada de caza de marcianos a costa del contribuyente”, sentenció por entonces el senador demócrata de Nevada, Richard Bryan. Pero, pese al golpe, SETI no murió: siguió de manera independiente gracias a donaciones filantrópicas ocasionales.

En 2007, con el apoyo de Paul Allen, cofundador de Microsoft, el Instituto SETI inauguró el Allen Telescope Array, un conjunto de 42 pequeños telescopios enlazados mediante computadoras a 450 kilómetros de San Francisco. Pronto este apoyo económico languideció. En 2015, recibió un gran empujón económico cuando el multimillonario ruso Yuri Milner donó cien millones de dólares a través de la iniciativa Breakthrough Listen. Hoy el equipo realiza en un solo día más observaciones que las que hace una década podía llevar años.

“Buscar señales extraterrestres es más difícil que buscar una aguja en un pajar, y el pajar cósmico es enorme –asegura Tarter, ya jubilada–. Buscamos radiaciones electromagnéticas artificiales, algún tipo de señal que la naturaleza no pueda generar. En los últimos años nos enfocamos en las 20 mil estrellas más cercanas a la Tierra. Pero aún no sabemos en qué frecuencia específica buscar. Además, debido a las grandes distancias del universo, podríamos algún día llegar a detectar señales de civilizaciones hace tiempo extinguidas”.

tarter

La verdadera Jill Tarter. / SETI

Para el momento del estreno de Contact, se habían detectado solo dos planetas fuera del sistema solar: 51 Pegasi b (en 1995) y 47 Ursae Majoris b (en 1996). Hoy se llevan contabilizados unos 3710. Uno de ellos, quizás el más prometedor, es Próxima B, el exoplaneta potencialmente habitable más cercano a la Tierra, que orbita alrededor de la pequeña estrella Próxima Centauri, la más cercana a nuestro sistema solar. Fue descubierto en 2016 por el astrofísico español Guillem Anglada-Escudé.

“Es un poco más grande que nuestro planeta y está a 4,2 años luz de distancia –cuenta este investigador de la Universidad Queen Mary en Inglaterra–. La detección tardó, no porque no tuviésemos la tecnología, sino porque no sabíamos dónde mirar. No se trata de pescar planetas sino de aprender qué sistemas planetarios estudiar”.

Peligro inminente

Frank Drake, además de ser uno de los primeros en intentar escuchar lejanas señales de civilizaciones extraterrestres, también fue uno de los primeros en esforzarse por comunicarse con aliens a través del mensaje enviado al cúmulo de estrellas M13 el 16 de noviembre de 1974 desde el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico.

No fue el único: desde entonces se han mandado más de diez, desde la canción Across the Universe de Los Beatles –que llegará en el año 2439 a la estrella Polaris– a distintos saludos que en estos precisos momentos están viajando por el universo.

Estas iniciativas no son aceptadas por toda la comunidad científica. Para el físico Dan Werthimer, jefe científico del programa Seti@home y director de la unidad UC Berkeley SETI, enviar mensajes a las estrellas es un error ético: “No sabemos las intenciones de las civilizaciones extraterrestres. Pueden ser más avanzadas que nosotros y querer conquistarnos. Cada intento de comunicación pone en riesgo a siete mil millones de personas. No creo que un pequeño grupos de astrónomos deba decidir”.

“El descubrimiento de vida inteligente más allá de la Tierra erradicaría el sentimiento de soledad que invade a nuestra especie”

Mientras tanto, la búsqueda continúa. No solo en EE UU, sino en todo el mundo: a esta cacería interestelar se han sumado ahora científicos chinos que ya comenzaron a utilizar el gran radiotelescopio FAST –apodado “Tianyan”, que en mandarín significa “El ojo del cielo”– para detectar señales de vida extraterrestre.

En cuanto al Instituto SETI, ubicado en Mountain View, California, sus investigadores planean mejorar los métodos de análisis de los datos captados por los radiotelescopios a través de técnicas informáticas de machine learning (aprendizaje automático) y deep learning, además de examinar nuevas perspectivas de abordaje. “Quizás deberíamos buscar señales de vida no biológica –opina Seth Shostak, astrónomo del Instituto–. En el siglo XX, inventamos la inteligencia artificial. Quizá en otras civilizaciones estén mucho más avanzados y sea con seres artificiales con los que debamos comunicarnos”.

Lo cierto es que, al igual que con otros grandes hallazgos científicos, como el de las ondas gravitacionales, la búsqueda de señales de civilizaciones inteligentes necesita de financiación estable a largo plazo. “Nadie puede prometer el éxito inmediato –señala Tarter, que aún se emociona al ver escenas de Contact–. Pero, si llegamos a detectar una señal, cambiaría todo. El descubrimiento de vida inteligente más allá de la Tierra erradicaría el sentimiento de soledad que ha invadido a nuestra especie desde el comienzo”.

Zona geográfica: Internacional
Fuente: SINC

Federico Kukso

Periodista científico argentino. Knight Science Journalism Fellow en el MIT. Autor del libro Todo lo que necesitas saber sobre ciencia. Colaborador de Sinc.

Comentarios

  • Javier Alonso |29. diciembre 2017 10:38:01

    Magnífica película y mejor novela. No obstante, coincido con la opinión de que es mejor escuchar que hablar. ¿Seré 'cosmoparanoico? Aunque el límite infranqueable de la velocidad de la luz haga altamente improbable una visita en persona por parte de inteligencias de intenciones desconocidas, mejor no delatarnos. Si quieren algo, que manden un email galáctico.

    F.J.Alonso. Colaborador de Seti@home.

    Responder a este comentario

  • Jorge S. |29. diciembre 2017 10:39:44

    Fantástico artículo basado en la que es mi película favorita. Grande Sagan!

    QUEREMOS SABER TU OPINIÓN

    Por favor, ten en cuenta que SINC no es un consultorio de salud. Para este tipo de consejos, acude a un servicio médico.

  • Ignacio Miguel |29. diciembre 2017 10:39:56

    Contact: novela de Carl Sagan, película de Robert Zemeckis, dedicadas al tema de la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Interesantes como obras de ficción, pero lastradas por graves errores científicos y documentales. Sin desvelar el final, diré:
    -La novela tiene una licencia científica excesivamente generosa, incomprensible de un científico como Sagan (se acusa a S.R. Hadden de falsificar la señal mediante un satélite; algo imposible cuando se publicó en 1985, imposible treinta y dos años después, e imposible dentro de otros treinta dos años) y un grave fallo argumental: la misión es llevada a cabo por una selección internacional de ocho científicos, y aún así las presiones consiguen que oculten su descubrimiento (¿los ocho?, intragable).
    -La película conserva el fallo científico, elimina este fallo argumental (la misión la lleva a cabo la protagonista en solitario, de modo que se puede creer que acepte las presiones) pero introduce como media docena más. Se suprime la historia del padrastro de la protagonista, se suprime el descubrimiento sobre el número Pi, se entontece la trama haciendo que el logro de descodificar al mensaje se deba a una disposición visual que resulta obvia en vez de a una razón científica, y en general se dota a la película de un empalagoso tonillo cristiano ("el 95% de la humanidad cree en un Creador").

    Responder a este comentario

  • Jaime Martínez C |08. enero 2018 08:13:45

    Civilizaciones superiores no necesitarán conquistarnos, ni querrían venir a un planeta con una especie tan primitiva. acaso querría alguien realizar una visita a una comunidad de mandriles??
    No se trata de si estamos solos o no, sino de si seremos capaces de ser solidarios, de unir una especie que tiene los mismos sentimientos, deseos y necesidades.

    Responder a este comentario

  • Joaquin Felix Rodriguez Bassecourt |08. enero 2018 08:14:00

    Considero que la búsqueda de civilizaciones extraterrestres es una necesidad científica y una terapia sociocultural.

    Al final de esta investigación serán los frutos de la investigación científica, los que verdaderamente importen, aunque la terapia sociocultural sea la que proporcione los medios, las vocaciones y el esfuerzo individual y colectivo para obtener dichos frutos.

    Para mi personalmente es irrelevante el descubrimiento o no de civilizaciones avanzadas o de otras biomasas socioculturales, como también es irrelevante el comunicarse o no con ellas.

    Ya que la necesidad de trascendencia cósmica de la inteligencia o de la biomasa sociocultural, es una consecuencia de la presión sociocultural que la civilización burguesa genera sobre la conciencia humana.

    Para ser conscientes de ello basta con pensar en las sagas Star Trek, La Guerra de las Galaxias, Dune, La puerta Estelar, Farscape. Todas las cuales son una simple proyección, sin mas objeto real que dar una trascendencia y una justificación cósmica existencial a las identidades individuales y colectivas burguesas.

    El lugar de asumir y plantear la necesidad de la superación sociocultural de las mismas, pues solo la racionalización de la existencia humana puede resolver los problemas de la humanidad en lugar de eternizarlos en la inmensidad cósmica.

    Responder a este comentario

QUEREMOS SABER TU OPINIÓN

Por favor, ten en cuenta que SINC no es un consultorio de salud. Para este tipo de consejos, acude a un servicio médico.

AGENCIA SINC EN TWITTER