CIENCIAS NATURALES: Ciencias de la Vida

Los humanos guardaban médula ósea como si fuera carne enlatada hace 400.000 años

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Investigadores catalanes han encontrado en el yacimiento israelí de la cueva de Qesem evidencias de almacenamiento y consumo de médula ósea conservada, hace 400.000 años. Se trata de las muestras más antiguas halladas hasta ahora. Los humanos prehistóricos conservaban durante semanas los huesos de los animales que cazaban para procesarlos y comerlos más tarde.

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SINC | | 09 octubre 2019 20:00

<p>Los científicos realizaron una serie de experimentos con huesos actuales para llegar a sus conclusiones. / Maite Arilla</p>

Los científicos realizaron una serie de experimentos con huesos actuales para llegar a sus conclusiones. / Maite Arilla

Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) en colaboración con científicos del Centro Nacional de Investigación Sobre la Evolución Humana (CENIEH), de la Universidad de Lleida y de la Universidad de Tel Aviv, han encontrado evidencias del almacenamiento y consumo de médula ósea conservada en el yacimiento israelí de la cueva de Qesem hace más de 400.000 años.

Las marcas parecían evidenciar la existencia de piel seca y es entonces cuando se plantearon la hipótesis de un posible almacenamiento de huesos

El trabajo, publicado hoy en la revista Science Advances, demuestra cómo las comunidades humanas de aquel periodo tan antiguo eran capaces de guardar los huesos de los animales cazados durante semanas para procesarlos y consumirlos de manera retardada.

“Esta es la evidencia más antigua de este tipo de comportamiento y marca el origen de nuevos modos de adaptación durante el Paleolítico”, explica Jordi Rosell, investigador del IPHES. “Los grupos humanos de Qesem llevaban a la cueva partes seleccionadas de los cuerpos de los animales que cazaban. Los más comunes eran los gamos, de las que solo transportaban el cráneo y las patas. Por su parte, el tronco era despojado de carne y grasa en el lugar de la cacería”, continúa el científico.

Durante el análisis de los restos de este yacimiento en la Universidad de Tel Aviv se descubrió que las patas de estos cérvidos exhibían marcas de corte únicas en sus extremos que no coincidían con la tipología habitual que se producen cuando se pelan los huesos frescos para fracturar y extraer la médula.

“Las marcas parecían evidenciar la existencia de piel seca y es entonces cuando planteamos la hipótesis de un posible almacenamiento de huesos para un posterior consumo diferido de la médula, es decir, pasado un tiempo”, añade Rosell.

“La médula ósea constituye una fuente de recursos nutricionales muy importante y es consumida de manera regular y preferente desde los orígenes de la humanidad”, explica Ran Barkai, de la Universidad de Tel Aviv.

Hasta ahora, las evidencias apuntaban a un consumo inmediato de la médula después de la muerte de los animales, junto con los tejidos blandos, como la carne. “No obstante, los grupos de Qesem demuestran una alta capacidad de previsión al ser capaces de almacenarla dentro de los propios huesos con la piel y de consumirla de manera diferida”, observa Ruth Blasco del CENIEH.

Un experimento con huesos actuales

Según los investigadores, los huesos utilizados para la conservación serían solamente los que están cubiertos solamente por piel y tendones. Por lo tanto, la piel actuaría como aislante durante el almacenamiento y contribuiría a la preservación de la médula.

Con este hallazgo se introduce un nuevo elemento en el comportamiento humano antiguo, que es la capacidad de previsión

Para comprobar esta hipótesis, los investigadores introdujeron durante varias semanas huesos de ciervo dentro de una cámara ambiental que reproducía las condiciones de temperatura y humedad de Israel. Los análisis químicos posteriores constataron que la médula comenzaba un proceso de degradación incipiente a partir de la novena semana.

“Hemos descubierto, por tanto, que preservar el hueso con la piel durante semanas permitiría a los grupos humanos romperlos cuando era necesario y cubrir sus necesidades alimentarias incluso en épocas de escasez”, apunta Rosell.

Maite Arilla, investigadora del IPHES, señala: “Hasta hace poco se consideraba que los grupos humanos del Paleolítico eran cazadores y recolectores que vivían al día y comían lo que atrapaban de manera inmediata. Sin embargo, ahora, con el descubrimiento de Qesem se rompe con esta concepción y se introduce un nuevo elemento en el comportamiento humano de las comunidades humanas más antiguas, que es la capacidad de previsión”.

Esta es la primera evidencia en el mundo de la conservación y consumo diferido de comida. Este descubrimiento, junto con otros datos obtenidos en el mismo yacimiento, señalan la emergencia de un comportamiento totalmente innovador y moderno a la Prehistoria, que incluye el uso regular del fuego, el reciclaje, la cocción de alimentos y el uso de plumas como elementos decorativos.

Referencia bibliográfica:

R. Blasco et al. "Bone marrow storage and delayed consumption at Middle Pleistocene Qesem Cave, Israel" Science Advances 9 de octubre de 2019

Zona geográfica: España
Fuente: IPHES

Comentarios

  • aldobelus |10. octubre 2019 13:24:33

    Hola.

    Me parece curioso que pueda haber una diferencia entre los cortes hechos para comerlo en el momento y otros hechos una vez conservada. ¿Qué diferencia puede haber, sabéis? Me parece llamativo ese dato.

    Gracias por el artículo, es muy interesante.

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    • Aitor |14. octubre 2019 07:50:32

      Pues yo creo que la diferencia de los cortes se debería a algo tan simple como el lugar donde se realizan, es decir, los cortes en el lugar de la caza se harían rápido y con utensilios ligeros que pudieran llevar durante la caza, mientras que los cortes de lo que recolectaban y una vez almacenados los podrían realizar con otro tipo de utensilios quizá más pesados y con más tiempo ya que extraer la médula del hueso es un proceso algo más meticuloso.
      Es decir simplemente practicadas.

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