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Emociones universales: del dolor a la euforia en los rostros de las esculturas precolombinas

El análisis de las expresiones faciales de decenas de figurillas, esculturas y relieves mesoamericanos antiguos muestra que se corresponden con emociones presentes hoy, como el dolor, la ira o la euforia. Los investigadores han tratado de evitar el sesgo occidental estudiando rostros y contextos por separado.

Estatua precolombina en San Agustín, Colombia, de un adulto sujetando un bebé. / © Adobe Stock

La imponente escultura del David de Miguel Ángel sobrecoge, no solo por su perfección y sus dimensiones —más de 5 metros de altura—, sino por su expresión desafiante. El escultor italiano plasmó en el siglo XVI al legendario rey David bíblico justo antes de enfrentarse al temido Goliat. 

Lograr trasladar las emociones a la piedra no es algo exclusivo del Renacimiento. Muchos siglos antes, las antiguas esculturas mesoamericanas ya mostraban expresiones que hoy asociamos con euforia, tristeza, dolor o ira. ¿Pero esas expresiones significaban entonces lo mismo que ahora? Es lo que han estudiado científicos del departamento de Psicología de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos).

Para ello revisaron decenas de miles de imágenes de figurillas, esculturas y relieves mesoamericanos de diferentes museos y se centraron en las que retrataban individuos dentro de contextos identificables, con rostros distinguibles y que fueran auténticas.

“No tengo conocimiento de ningún estudio previo que haya abordado la expresión emocional en el arte antiguo”, señala a SINC Alan S. Cowen, autor principal de la investigación que se publica en la revista Science Advances.

De todas las imágenes analizadas los autores seleccionaron un total de 63, que respondían a ocho escenarios: estar cautivo, ser torturado, llevar un objeto pesado, abrazar a alguien, sostener a un bebé, estar en posición de pelea, jugar a la pelota y tocar un instrumento de música.

Las antiguas esculturas mesoamericanas ya mostraban expresiones que hoy asociamos con euforia, tristeza, dolor o ira. ¿Pero esas expresiones significaban entonces lo mismo que ahora?

A continuación separaron el rostro de las imágenes del resto del cuerpo para que carecieran de contexto y esas expresiones se las mostraron a un grupo de participantes. Por ejemplo, en el caso de una madre sosteniendo a su bebé, se generó una imagen de la sonrisa sola.

Sin ningún contexto, los participantes tuvieron que etiquetar cada fotografía de la expresión facial de una escultura con la emoción que, en su opinión, representaba. En paralelo, otro equipo de participantes etiquetó los diferentes contextos (sin los rostros) con la emoción que esperarían ver.

Al cruzar los datos de los dos grupos, los autores concluyeron que las esculturas que representaban varias emociones concretas pasaron la prueba de la universalidad, puesto que las etiquetas de las expresiones faciales coincidían con las expectativas de los participantes que solo sabían el contexto. Según el estudio, los resultados apoyan la universalidad de al menos cinco tipos de expresión facial: las asociadas con el dolor, ira, determinación o tensión, euforia y tristeza.

Los investigadores han creado un mapa interactivo en el que integran las imágenes de las esculturas con los contextos y las emociones que reflejan. / Cowen et al.

Las figurillas no reflejan toda la realidad

Los científicos han creado un mapa interactivo en el que integran las imágenes de las esculturas con los contextos y las emociones que reflejan. “Este trabajo no presenta una tecnología nueva, sino una metodología basada en estadística o ciencia de datos. El mismo tipo de metodología se podría usar para estudiar la emoción expresada con la cara en pinturas antiguas o en otro tipo de arte”, explica a SINC Agata Lapedriza, profesora de Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que no ha participado en el estudio.

En su opinión, se trata de una investigación “interesante” que muestra una correspondencia entre cómo se expresaban las emociones en el pasado y cómo se muestran hoy en día. No obstante, la docente puntualiza que eso no significa que la expresión de las emociones sea completamente universal en cualquier contexto. “A veces estamos contentos y no sonreímos y otras sonreímos y no estamos contentos. Expresar emociones y percibirlas es algo muy complejo”, matiza.

Los científicos han creado un mapa interactivo en el que integran las imágenes de las esculturas con los contextos y las emociones que reflejan

Además, volviendo a las esculturas mesoamericanas, los autores subrayan que no pueden saber con certeza si las estatuillas eran fieles a la vida cotidiana de las personas que representan. “Tenemos que reconocer que la escultura no refleja todo”, alega Cowen.

Lo que sí revela la investigación es que los artistas ancestrales lograron plasmar expresiones faciales que hoy siguen siendo actuales y que tuvieron lugar mucho antes de que los colonos llegaran a América.

Evitar el sesgo occidental

Aunque no se trata del primer trabajo que estudia las similitudes y diferencias interculturales en la forma en que las expresiones faciales transmiten emociones, sí es novedosa su intención de tratar de evitar el sesgo occidental.

Los estudios previos normalmente se han centrado en que personas de culturas orientales o indígenas relacionen las representaciones de expresiones occidentales con situaciones o palabras en su idioma nativo. Esto puede resultar sesgado, ya que trata la expresión occidental como la norma.

“El uso de artefactos o representaciones artísticas puede, en algunos casos, ser engañoso en función de las percepciones de los occidentales modernos”, comenta a SINC Maria Gendron, profesora del departamento de Psicología de la Universidad de Yale (Estados Unidos), que no ha participado en la investigación.

La experta pone como ejemplo tallas que representan la cara de Ekapunipuni Matala, una figura común en las islas Trobriand de Papúa Nueva Guinea. El rostro se muestra jadeante con los ojos muy abiertos, algo que los occidentales perciben como temeroso. “El conocimiento del contexto revela que este rostro se utilizaba para intimidar a los demás, como una muestra de amenaza, más que como una señal de miedo”, puntualiza Gendron. Estudios con tribus de Papúa Nueva Guinea han confirmado esta otra interpretación.

En cuanto a las esculturas mesoamericanas, la investigadora plantea ir un paso más allá y analizar en otras tradiciones culturales dimensiones similares o diferentes de las representaciones artísticas de rostros. Por el momento los científicos de la Universidad de California se plantean un objetivo distinto. “Estamos observando más de cerca la expresión emocional en la vida cotidiana en el mundo moderno”, avanza Cowen.

Referencia:

Alan S. Cowen y Dachner Keltner. “Universal facial expressions uncovered in art of the ancient Americas: A computational approach”, Science Advances, 6, 19 de agosto de 2020. DOI: 10.1126/sciadv.abb1005.