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Se trata de una pieza que los investigadores datan en más de 26.000 años

Un colgante de la Cova Eirós demuestra la presencia humana en el noroeste peninsular durante el pleniglaciar

Un colgante hecho a partir del canino de un pequeño carnívoro, previsiblemente un zorro, pone de manifiesto la presencia de ocupación humana en el noroeste peninsular en los momentos más rigurosos de la última glaciación, el pleniglaciar.

Excavación en la Cova Eirós. Imagen: Amigos Casa Ciencias. Foto: USC.

Esta es la conclusión de las nuevas dataciones radiométricas realizadas en Cova Eirós (Triacastela, Lugo) por el Grupo de Estudios para la Prehistoria del Noroeste de la Universidad de Santiago de Compostela junto (GEPN) con un equipo del Instituto Catalán de Paleoecologia Humana y Evolución Social de Tarragona (IPHES).

Las mediciones sitúan al colgante como la evidencia más antigua de arte mueble del noroeste peninsular, correspondiéndose con una etapa en la que las montañas estaban cubiertas de mantos de hielo y los paisajes interiores dominados por praderas. Se pensaba además que en aquella época Galicia se encontraba despoblada debido a los rigores climáticos.

El director GEPN y del proyecto de investigación, el catedrático Ramón Fábregas, explica que hasta ahora, las únicas evidencias en este sentido eran un colgante pétreo de Férvedes II (Vilalba) y las conchas de Dentalium encontradas en el yacimiento de Valdavara (Becerreá).

Las nuevas dataciones radiocarbónicas evidencian la mayor antigüedad de la pieza de Eirós, ya que se encontró en un nivel datado hace unos 26.000 años, en el período del Paleolítico superior conocido como Gravetense.

Homo sapiens gallegos adaptados al frío

La presencia de ocupaciones humanas en este nivel de Cova Eirós, teniendo en cuenta que se encuentra a una altitud de 700 metros, muestra -en opinión de los investigadores- la capacidad de adaptación de las comunidades de Homo sapiens que habitaron el territorio gallego durante la última glaciación.

La pieza presenta una superficie raspada que le confiere un aspecto liso y brillante. En su parte media tiene una acanaladura hecha con herramientas de piedra que servía para facilitar la perforación final de la raíz. El diente se encuentra fragmentado ya que sólo se conserva intacta una de las caras.

Para el período que los investigadores estiman existen muy pocos paralelos de este tipo de colgante en los yacimientos cantábricos (menos de una decena), la mayoría de ellos concentrados en la parte oriental (Cantabria y País Vasco), convirtiéndose el de Eirós en la evidencia más occidental para esta clase de adorno.

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