La mayoría de quienes viven un acontecimiento traumático no desarrollan un trastorno psicológico, del mismo modo que sufrir durante años trastorno de estrés postraumático (por sus siglas, TEPT) no significa que la recuperación sea imposible. Son dos de los mitos que María Paz García-Vera (Madrid, 1964), catedrática de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), desmonta.Su trayectoria combina la investigación sobre las secuelas psicológicas de la violencia con la responsabilidad institucional. Fue delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid entre 2019 y 2020, e impulsó y coordinó el teléfono de atención psicológica que el Ministerio de Sanidad puso en marcha durante los peores meses de la covid-19.Y desde 2014, desarrolla el programa de seguimiento y tratamiento psicológico de las víctimas del terrorismo de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) y la UCM.Ahora, 15 años después de que ETA anunciara el cese definitivo de su actividad armada, el 20 de octubre de 2011, García-Vera conversa con SINC sobre los tratamientos que cuentan con respaldo científico, los errores que pueden dificultar la atención a las víctimas y la necesidad de entender mejor los mecanismos psicológicos que nos hacen vulnerables.¿Cuáles son los mitos más extendidos sobre el estrés postraumático?Uno de los más arraigados, especialmente tras los atentados del 11M, es pensar que, después de vivir un acontecimiento traumático, la mayoría de las personas desarrollará trastornos psicológicos. No es verdad, la mayoría se recupera por sí sola.Además, el riesgo de desarrollar TEPT varía mucho: la muerte inesperada de un ser querido puede ser muy dolorosa, pero hay otras experiencias, como sufrir una violación o ser refugiado de una guerra, que conllevan un riesgo mucho mayor. Luego hay gente que no tendrá TEPT, pero sí otras psicopatologías, como trastornos de ansiedad o depresivos. /Entrevistas/En-un-desastre-como-la-DANA-es-dificil-avanzar-en-el-plano-emocional-si-el-dia-a-dia-esta-lleno-de-dificultades¿Y cuál es el que más daño hace a las víctimas?Hay dos especialmente perjudiciales. Uno es pensar que el tiempo lo cura todo, pero estamos tratando a víctimas del terrorismo que sufrieron atentados hace 30 o 40 años y que todavía presentan síntomas de TEPT o depresión. El otro es creer que en casos graves el tratamiento debe ser farmacológico.Las guías internacionales respaldan la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma como primera opción para el TEPT. Pese a ello, tras los atentados del 11M se contrató a muchísimos psiquiatras y a muchos menos psicólogos. Este tipo de cosas siguen ocurriendo porque el sistema sanitario no tiene suficientes psicólogos.¿Qué diferencia hay entre lo que es y lo que no es un acontecimiento traumático?Para hablar de un acontecimiento traumático, desde el punto de vista clínico, tiene que haber peligro para la vida o amenaza de lesión grave, tuya o de un ser querido, o una experiencia de violencia sexual. Que te echen del trabajo o que te deje tu pareja no es traumático, que tu pareja muera en un accidente de tráfico o tener una enfermedad que pone en peligro la vida, sí. En todo caso, solo un 3,3 % de los adultos españoles expuestos a sucesos traumáticos desarrolla TEPT.La depresión la diagnosticas por sus síntomas, pero en el TEPT, además de los síntomas, la persona tiene que haber sufrido un acontecimiento traumático, porque las situaciones que amenazan la vida generan una respuesta de supervivencia con reacciones muy específicas: hiperactivación, evitación o falta de procesamiento de lo que ocurre. Si sales de un tren accidentado, rodeado de cadáveres, solo pensando en sobrevivir, y a los tres días empiezas a ver cadáveres por todos lados: eso no lo genera perder el trabajo.La depresión la diagnosticas por sus síntomas, pero en el TEPT, además de los síntomas, la persona tiene que haber sufrido un acontecimiento traumáticocenter¿Y qué ocurre con experiencias como los llamados ‘traumas infantiles’?Hay dos excepciones a la regla anterior. Una es el abuso sexual infantil. Aunque el niño no haya percibido peligro para su vida, la indefensión y la pérdida de control pueden alterar tanto su manera de construir el mundo, confiar en los demás y desarrollar su identidad que se considera que pueden generar respuestas traumáticas.La otra es la exposición profesional continuada a imágenes de acontecimientos traumáticos. Es el caso de policías y guardias civiles que pasan mucho tiempo examinando imágenes de abusos sexuales o torturas. Podría ocurrir también a quienes moderan contenidos violentos en las plataformas, si la exposición es continuada. En cambio, ver atentados por televisión no permite diagnosticar TEPT, por mucha ansiedad o pesadillas que provoque.En cualquier caso, alguien puede sufrir mucho por lo que ve o por las experiencias que conoce, aunque no cumpla los criterios de ese diagnóstico. Si tiene pesadillas, duerme mal o ha perdido la confianza en los demás, necesita ayuda. La etiqueta diagnóstica no debería hacernos olvidar el sufrimiento de la persona. /Noticias/1-200-millones-de-personas-en-el-mundo-viven-con-trastornos-mentales-el-doble-que-en-1990¿Cuándo una respuesta ante el trauma deja de ser normal o adaptativa y hay que pedir ayuda?Las respuestas iniciales suelen ser adaptativas, aunque no lo parezcan. La hiperactivación, la falta de hambre o de sueño nos ayudan a sobrevivir, porque necesitamos estar alerta y escapar. También la desconfianza: durante el terrorismo etarra, mirar debajo del coche o sentarse en un bar de cara a la puerta salvó muchas vidas.Dejan de ser adaptativas cuando el peligro ha desaparecido, pero seguimos en alerta, no dormimos o evitamos a los demás. Si al cabo de un mes los síntomas persisten e interfieren en la vida cotidiana, conviene pedir ayuda. No obstante, no hay que esperar si desde el principio aparecen problemas graves, como ataques de pánico, agresividad o consumo excesivo de alcohol. También hay que prestar atención a quienes se aíslan y pierden el apoyo de los demás.¿Qué han aprendido tras años tratando a víctimas del terrorismo?El programa de tratamiento psicológico de la AVT y la UCM funciona desde 2014 y ha atendido a más de 4 600 víctimas, gracias al apoyo de la asociación y del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Una de sus particularidades es que contactamos proactivamente con las víctimas. Hay personas que se ponen a llorar y nos dicen que nadie las había llamado en veinte años.Hemos demostrado que la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma funciona igual de bien en víctimas de hace 20, 30 o 40 años que en las recientes, con tasas de éxito cercanas al 60 % y efectos persistentes al cabo de uno y dos años. Es un mito que, si llevas muchos años mal, ya no haya solución. También sabemos que el apoyo social es una de las variables más protectoras: las víctimas que mejor están son las que percibieron más apoyo tras los atentados.Durante años, en el País Vasco hubo una sociedad anestesiada ante su dolor. Se asesinaba a alguien y la gente pasaba de largo; los guardias civiles evitaban tender el uniforme en la ventana y sus hijos no contaban en el colegio a qué se dedicaban sus padres. Ese aislamiento fue un enorme factor de riesgo. Aunque pensemos que no podemos hacer nada, sí podemos: mostrar apoyo y no olvidar a las víctimas.La terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma funciona igual de bien en víctimas de hace 20, 30 o 40 años que en las recientes, con tasas de éxito cercanas al 60 %center¿Qué errores pueden cometer familiares y amigos al intentar ayudar?El más común es decir “te entiendo” o “yo también he pasado por eso”, porque puede producir el efecto contrario: las experiencias traumáticas son inenarrables y nadie puede ponerse en tu lugar. Quien ha sufrido necesita que los demás reconozcan su dolor; no es una competición por ver quién ha sufrido más, sino una necesidad de que se comprenda lo vivido.También hacen daño frases como “no te preocupes, pronto estarás como siempre” o consejos como “apúntate al gimnasio”. Nada llena el vacío de un hijo fallecido ni devuelve las manos o las piernas perdidas en un atentado. Las víctimas dicen que cada día descubren una nueva pérdida. Lo que sí podemos decir es: “No puedo ponerme en tu lugar, pero estoy aquí: te llamo cada día, te llevo a los niños al colegio, te traigo la comida…”. /Noticias/Identifican-por-primera-vez-las-senales-cerebrales-del-olvido-de-recuerdos-desagradablesEn un mundo con crecientes amenazas globales, que pueden resultar abrumadoras, ¿podemos sufrir consecuencias psicológicas de experiencias traumáticas que no vivimos directamente? Para empezar, debemos valorar mucho más lo que tenemos. Vivir en Europa y, especialmente, en España significa disfrutar de derechos, sanidad y educación públicas, y de unas condiciones de seguridad que no existen en muchos otros lugares. Son logros colectivos que no deberíamos dar por garantizados, fruto de haber aprendido lo importante que es la paz. Deberíamos defenderlos con muchísimo más esfuerzo y unión, no somos conscientes de las consecuencias de perderlo.Necesitamos programas educativos que nos ayuden a comprender cómo pensamos e interpretamos la información para protegernos de los mensajes de odio y la manipulacióncenter¿Y cómo podemos protegernos ante tanto ruido?Somos vulnerables a nuestros propios mecanismos psicológicos: completamos información, recurrimos a atajos cognitivos y nos dejamos llevar por las emociones. Eso nos hace susceptibles a la desinformación, y ni siquiera muchos policías, guardias civiles o profesionales de emergencias son conscientes de estas vulnerabilidades. Necesitamos programas educativos que nos ayuden a comprender cómo pensamos e interpretamos la información para protegernos de los mensajes de odio y la manipulación.El segundo es recuperar el trabajo en grupo. La psicología social ha demostrado que las mejores soluciones surgen cuando personas con opiniones distintas se escuchan de verdad, algo que desgraciadamente estamos perdiendo.Por último, precisamos de normas que exijan responsabilidad a quienes mienten deliberadamente o difunden mensajes de odio. No soy intervencionista, pero, igual que el Estado puede intervenir en el mercado energético para controlar los precios de la luz, debe hacerlo para evitar que los niños usen móviles constantemente en los colegios y frenar a los bots y a quienes difunden odio y desinformación. Solo así podremos afrontar los desafíos actuales sin dejarnos arrastrar por el miedo.