El trabajo llevado a cabo por un equipo de la Universidad Carlos III de Madrid y el Centro de Investigación en Ciencias Sociales de Berlín concluye que los incentivos aplicados dentro del aula pueden reducir las desigualdades socioeconómicas. También muestra que el entorno familiar condiciona la disposición de los niños a esforzarse y que las diferencias de origen pueden mitigarse mediante recompensas educativas sencillas.
Aprender mates no tiene por qué ser duro o agotador, existen formas más amables de acercarse a esta asignatura y resolver sus problemáticas. Para los estudiantes, incentivar la flexibilidad matemática en el aula potenciaría el rendimiento académico y les ayudaría a afianzar conceptos o desarrollar la capacidad para transferir ese conocimiento.