Nuevas evidencias arqueológicas en la Sala Keimada documentan más de 11 000 años de actividad humana en el interior del gran complejo kárstico burgalés. El registro abarca desde el final del Paleolítico superior hasta épocas posteriores.
Una medida cautelar busca preservar la competencia en el auge de los asistentes de inteligencia artificial y evitar daños irreversibles en el mercado. La Comisión Europea actúa ante el riesgo de que se consoliden barreras que limiten la entrada de nuevos actores.