Un estudio británico revela que las aves marinas, como las pardelas pichoneta, sufren desfases entre sus relojes internos y la hora local a la hora de recorrer grandes distancias en un mismo día, lo que les hace desviarse ligeramente en su ruta. Esto sucede porque usan el sol para orientarse, incluso cuando existen otros métodos disponibles.
El aumento de las temperaturas, junto con las alteraciones de la química, la circulación y los ecosistemas marinos, reduce la capacidad del océano para absorber y almacenar carbono. El resultado: una mayor parte del CO₂ permanece en la atmósfera, lo que alimenta aún más el calentamiento global.