CIENCIAS SOCIALES: Psicología

25 de noviembre, Día Mundial de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

La ‘cultura del honor’ culpabiliza a las mujeres violadas

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Un nuevo estudio desmonta los prejuicios que sufren las víctimas de violación. Investigadores de la Universidad de Málaga han analizado cómo gran parte de la sociedad culpabiliza a la víctima por influencia de una cultura del honor basada en la fidelidad femenina y en la importancia de una buena reputación. Ser conscientes de este entramado ideológico es importante para desarrollar programas de prevención.

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Verónica Fuentes | | 21 noviembre 2017 09:20

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Miles de personas se concentraron el viernes 17 de noviembre para protestar contra los 'abusos patriarcales' que consideran que se están produciendo en el juicio por la violación grupal ocurrida en los sanfermines del año pasado. / EFE

Las mujeres sufren elevados índices de violencia sexual. Sin embargo, muchas son reacias a denunciar ante las autoridades el delito del que han sido objeto. La falta de denuncias se debe, entre otras razones, al hecho de que buena parte de la población culpabiliza a la víctima y exonera al agresor.

Muchas investigaciones ya han dejado patente cómo los mitos de la violación sirven para negar, trivializar o justificar la violencia sexual ejercida por los hombres contra las mujeres. Por ello, las creencias estereotipadas hacen que las mujeres violadas se sientan objeto de prejuicio y, por lo tanto, doblemente culpabilizadas.

Desde hace años, expertos en Psicología Social de la Universidad de Málaga han analizado el papel de ciertas variables ideológicas en la percepción de culpabilidad de las mujeres violadas. En un nuevo estudio, los investigadores han examinado si la culpabilización de la víctima depende de la denominada 'cultura del honor'.

En esta cultura, los hombres son los encargados de cuidar de la familia y proteger a las mujeres de conductas deshonrosas, normalmente asociadas con conductas sexuales. “Los códigos de honor definen un patrón familiar y de relaciones sexuales con implicaciones en las actitudes frente a los roles sexuales”, explica a Sinc Jesús María Canto, uno de los autores.

Según Canto, el código de honor masculino se crea y se sustenta sobre la fidelidad femenina. “Su transgresión constituye una afrenta al honor masculino y a la familia. La violencia contra la mujer en nombre del honor sirve para reestablecer el control sobre esta cuando se percibe que el honor masculino ha sido violado”.

Las creencias estereotipadas hacen que las mujeres violadas se sientan objeto de prejuicio y doblemente culpabilizadas

El ‘deshonor’ de justificar las agresiones

En el trabajo participaron 262 estudiantes universitarios (120 hombres y 142 mujeres) que actuaron como observadores de una hipotética agresión. Se les presentaron tres escenarios donde una mujer casada era violada por un desconocido, por un conocido o por su marido. En esos tres casos se analizó el grado de culpabilización de la mujer, y si este dependía de la aceptación de la cultura del honor por parte de los observadores.

Los resultados confirmaron la influencia de la cultura del honor en el nivel de inculpación de la víctima en los casos de violación por parte de un conocido, seguido de la violación conyugal. “En ambos contextos, el comportamiento de la mujer había supuesto una ofensa a la honra para el marido y desafiaba los códigos de la cultura del honor”, añade Canto.

En el segundo escenario se culpabilizaba a la víctima porque la mujer había coqueteado previamente con el compañero de trabajo y en el tercer escenario, porque esta no quiso mantener relaciones sexuales con su marido tras un riña doméstica.

Para el investigador, “conocer el entramado ideológico y actitudinal sostenido por los observadores de las agresiones sexuales sufridas por las mujeres es muy importante para desmontar los prejuicios que sufren las mujeres violadas en nuestra sociedad”.

Además, conocer estas variables es necesario para desarrollar programas de prevención y formación para evitar futuras agresiones sexuales. “La conducta de apoyo de los observadores de un caso de violación (amigos, familiares, compañeros…) es muy importante para ayudar la recuperación psicosocial de la víctima”, concluye Canto.

La arcaica cultura del honor masculino y femenino

El código de honor masculino requiere que el hombre sea capaz de proteger físicamente a su familia y sus propiedades, lo que implica asertividad, dureza y autoridad sobre la familia. Sin embargo, el código de honor femenino requiere que las mujeres muestren prudencia en su comportamiento sexual, subordinación a la autoridad masculina y sean modestas.

El código de honor masculino dicta que el hombre tiene que proteger su reputación, mientras que el rol de la mujer es mantener el honor de su hombre y de su familia con un comportamiento adecuado.

De la misma forma, el código de honor masculino dicta que el hombre debe ser sexualmente activo y debe exigir obediencia a su mujer y a su familia, mientras que el código de honor femenino impone que la mujer debe controlar su sexualidad y mostrarse obediente.

La castidad femenina, su pureza y fidelidad sexual son valores centrales de las normas que rigen el honor, y si estas son transgredidas, el hombre debe actuar con urgencia e inmediatez para proteger su propio honor.

Desde este punto de vista, los individuos que presentan niveles elevados de afiliación a la cultura del honor, tienden a justificar y legitimizar la violencia causada por los celos en la pareja. Valoran la fidelidad de la mujer y un nivel bajo de promiscuidad sexual en ella y no perdonan ningún tipo de infidelidad, particularmente si es de tipo sexual.

Referencia bibliográfica:

Jesús M. Canto, Fabiola Perles & Jesús San Martín. ‘Culture of honour and the blaming of women in cases of rape’. Revista de Psicología Social, 32:1, 80-107, DOI:10.1080/02134748.2016.1250488

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Zona geográfica: España
Fuente: SINC

Comentarios

  • Joaquín Félix Rodríguez Bassecourt |29. noviembre 2017 10:58:03

    El fundamento de la identidad humana es una consecuencia del sistema sociocultural fundamentado sobre el particularismo social de la propiedad privada, sistema sociocultural en el que la familia define el patrimonio y las relaciones patrimoniales, en tanto que la cultura del honor no es otra cosa que la expresión patrimonialista de lo que es en realidad la familia, o si se prefiere una expresión mas científica: la organización demográfica humana, la cual define el principio de identidad sociocultural que configuran las identidades individuales y colectivas burguesas.

    Por eso la concepción de la libertad y de la identidad personal esta fundamentada sobre esta realidad patrimonial, cuyo desarrollo democrático e incluso de inspiración feminista no puede alterar el contenido fundamental que determina la proyección sociocultural de estos hechos que definen una identidad sociocultural patrimonialista.

    Si analizamos científicamente la involución antimarxista de Bernstein en la socialdemocracia alemana. Así como el desarrollo del el estalinismo en la Unión Soviética, ambos procesos no representa otra cosa que la rebelión contrarrevolucionaria de las identidades individuales y colectivas burguesas contra el desarrollo sociocultural del socialismo científico de Marx y Engels y sus herederos Lenin y Trotsky, en el caso de la socialdemocracia alemana y de la Unión Soviética respectivamente.

    Esto fue así, porque tanto los intelectuales como los trabajadores percibieron subconscientemente, que el desarrollo sociocultural del materialismo histórico y dialéctico llevaba a la extinción de las identidades individuales y colectivas burguesas.

    Pero que nadie se llame a engaño creyendo que el feminismo es una alternativa, pues las mujeres no son feministas porque el socialismo científico sea incapaz de superar la alineación patrimonial de los hombres en el particularismo social de la propiedad privada, que define la identidad sociocultural demográfica.

    Sino que son feministas porque quieren realizar la utopía democrático burguesa, de emanciparse de su alienación patrimonial en el particularismo social de la propiedad privada, sin llevar a cabo la extinción de sus identidades individuales y colectivas burguesas femeninas.

    La utopía cuando se quiere materializar es contrarrevolucionaria, no por pretender abolir la servidumbre, sino por identificar la identidad sociocultural humana generada por dicha servidumbre con la esencia de su propia humanidad.

    La identidad humana esta constituida única y exclusivamente por la potencia genética sociocultural no desarrollada, en tanto que la identidad sociocultural generada por la resistencia frente al señorío patrimonial del particularismo social de la propiedad privada, es la alienación identitaria que hace posible preservar la potencia sociocultural humana en condiciones de alineación, pero que no es capaz de superar la situación de alienación porque esa misma identidad de resistencia ya es una alienación.

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