CIENCIAS SOCIALES: Sociología

¿Quién cree que el acoso sexual solo lo sufren mujeres atractivas?

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Hace pocas semanas Donald Trump calificaba de “poco atractivas y horribles” a las mujeres que lo acusaban de acoso sexual. Las declaraciones del polémico líder político están en consonancia con los resultados de una investigación de la Universidad de Granada. Sus resultados ponen en evidencia ciertos mitos sobre el acoso sexual. Por ejemplo, muchas personas siguen considerando que estas agresiones se relacionan con la belleza física de la víctima.

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SINC | | 08 noviembre 2016 09:00

<p>En el imaginario de muchas personas, el acoso sexual está relacionado con alguna actitud de la víctima, o incluso propiciado por ella. Imagen: Pixabay</p>

En el imaginario de muchas personas, el acoso sexual está relacionado con alguna actitud de la víctima, o incluso propiciado por ella. Imagen: Pixabay

El acoso sexual es uno de los comportamientos más difíciles de percibir y, por tanto, de demostrar. En el imaginario de muchas personas, está relacionado con alguna actitud de la víctima, o incluso propiciado por ella. De hecho, hay quien piensa que las personas poco atractivas no sufren este tipo de agresión. 

Tres investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han llevado a cabo un estudio para analizar si el atractivo físico de la víctima afecta a la percepción social del acoso sexual. Además, los científicos han analizado cómo influye la ideología del observador en su manera de identificar estas situaciones.

Para ello, se presentó una situación hipotética a 205 estudiantes universitarios (19% hombres, 81% mujeres). En ese escenario ficticio, el personaje de Sergio era un trabajador de una empresa que se presentaba de dos maneras: atractivo físicamente o no atractivo. Sergio tenía un comportamiento de acoso sexual hacia una compañera de trabajo, Laura, que, de igual manera, podía ser atractiva o no serlo. En concreto, Sergio ejercía hacia Laura acoso de género, que es uno de los más sutiles.

Ante un acosador atractivo, se tiende a pensar que lo hace para demostrar su poder, más que por una motivación sexual

Después de conocer la historia de Sergio y Laura, los participantes debían completar un cuestionario. Sus respuestas servían para conocer cómo habían percibido la situación de acoso, a quién atribuían la responsabilidad de lo sucedido, y qué opinaban sobre la motivación que movía al acosador para comportarse así. El cuestionario también aportaba información sobre variables ideológicas sobre el sexismo y la aceptación de los mitos relacionados con el acoso sexual.

“Cuando se presentaba una situación de acoso hacia una mujer atractiva, los participantes la percibían como acoso sexual en mayor medida que cuando la víctima no era atractiva”, declara a Sinc Antonio Herrera, investigador de la UGR y coautor del estudio, que publica la Revista de Psicología Social.

Ante un acosador atractivo, los participantes tienden a pensar que lo hace para demostrar su poder, más que por una motivación sexual.  

“Los resultados de este trabajo ponen de manifiesto cómo ciertos rasgos o características de las personas que están implicadas en un caso de acoso sexual adquieren tal relevancia que enmascaran otras variables importantes en la toma de decisiones, y que tienen consecuencias para el acosador, para la víctima para el y perceptor social”, añade el investigador.

Cuanto mayor es la aceptación de los mitos sobre el acoso sexual, más se responsabiliza a la víctima

En el supuesto de que el acosador no fuera atractivo pero la víctima sí, los voluntarios lo responsabilizaron más a él. Esto concuerda con uno de los grandes mitos que rodean al acoso: la creencia de que se produce hacia personas atractivas por parte de otras que no lo son.

Fines malévolos

La ideología de los observadores también afecta a su percepción. Cuanto mayor es la aceptación de los mitos sobre el acoso sexual, más se responsabiliza a la víctima. En este caso, los prejuicios contribuyen a que consideren que una conducta de acoso sexual podría haber sido provocada por la mujer con algún fin ‘malévolo’.

“Esto es especialmente importante a nivel jurídico, policial, laboral y social, pues se hace imprescindible eliminar ideas preconcebidas que rodean a este fenómeno y que se encuentran presentes tanto en hombres como en mujeres, como hemos observado en el este estudio”, concluye el investigador.

Referencia bibliográfica:

Antonio Herrera, M. Carmen Herrera y Francisca Expósito “¿Es lo bello siempre tan bueno? Influencia del atractivo físico en la percepción social del acoso sexual”, Revista de Psicología Social / International Journal of Social Psychologyhttp://dx.doi.org/10.1080/02134748.2016.1143179

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Zona geográfica: España
Fuente: SINC

Comentarios

  • Jose |09. noviembre 2016 10:14:48

    No comparte ni artículo ni las conclusiones, que resultan vagas y limitadas a comportamientos dentro de la sociedad occidental y no en todos los ámbitos laborales.
    El acoso sexual no es la atención, preferencia o inclinación sexual manifestada por hombres o mujeres sobre una persona.
    Si fuera así los seres humanos hubiéramos dejado de reproducirlos por culpa de la legislación.
    a. Se trata de un proceso de conductas no ocasionales, sino repetidas y prologadas en el tiempo.
    b. Las conductas son consideradas negativas y hostiles, con un amplio rango que va desde las críticas al trabajo a calumnias.
    c. Las conductas provocan en las víctimas consecuencias diferentes, según la fase del proceso en que se encuentre.
    d. El acosador tiene una intencionalidad de carácter instrumental (como medio de alcanzar un fin) o de carácter finalista (la destrucción de la víctima, sin más).
    e. Hay desequilibrio de poder entre las partes enfrentadas, o al menos la víctima no dispone de los recursos necesarios para hacer frente.
    Es decir, en su forma más general, el fenómeno del acoso consiste en el hostigamiento, tanto psicológico como físico, por parte de una persona con poder hacia otra persona con menos poder. Este desequilibrio de poder entre las personas es la característica más relevante, con independencia de la edad o del tipo de conductas específicas.
    Por otro lado, en el mundo laboral está pasando desapercibido que con frecuencia se puede simular para obtener beneficios y privilegios inmerecidos o para sustraerse de las obligaciones en el ámbito laboral. De hecho, este diagnóstico se podría encuadrar en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-TR) como Simulación y en la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10) como Enfermos fingidos (Simuladores conscientes), cuya característica es la producción intencionada de síntomas físicos o psicológicos desproporcionados o falsos, motivados por incentivos externos.
    Es conveniente diferenciar entre el simulador que es consciente del engaño que pretende y que suele estar motivado por la obtención de un beneficio, de la neurosis de renta o rentista que reivindica un derecho que entiende como legítimo ya que se considera con limitaciones en sus capacidades, y estima que debe ser compensado por ello.

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