MATEMÁTICAS, FÍSICA Y QUÍMICA: Astronomía y Astrofísica

Un planeta como la Tierra en una estrella cercana

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Los astrónomos acaban de descubrir un nuevo exoplaneta, llamado GJ 1132b, en nuestro vecindario cósmico, a ‘solo’ 39 años luz de distancia. Aunque probablemente es inhabitable, este planeta presenta un tamaño muy parecido al de la Tierra, también es rocoso y está lo suficiente cerca como para que se pueda estudiar su atmósfera.

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SINC | 11 noviembre 2015 19:00

<p>Representación de los tamaños relativos de la Tierra y el Sol, comparados con los de GJ 1132b y Gliese 1132. / Drake Deming/Nature</p>

Representación de los tamaños relativos de la Tierra y el Sol, comparados con los de GJ 1132b y Gliese 1132. / Drake Deming/Nature

Los científicos han descubierto un nuevo exoplaneta que,  si lo comparamos con los que aparecen en La Guerra de las Galaxias, sería aún más árido e inhóspito que el desértico Tatooine, justo lo contrario que el gélido Hoth. Pero en lugar de localizarse en una galaxia muy, muy lejana, desde un punto de vista cosmológico se podría decir que está aquí al lado.
 
Se llama GJ 1132b , es rocoso y de dimensiones parecidas a las de la Tierra –como otros exoplanetas–, pero está tres veces más cerca que cualquier otro del tamaño similar al nuestro descubierto hasta la fecha. De hecho, orbita una pequeña estrella (Gliese 1132) situada a sólo 39 años luz de la Tierra, según informan sus descubridores en la revista Nature.

El exoplaneta GJ 1132b está lo suficientemente cerca como para poder analizar su atmósfera

"Nuestra galaxia abarca cerca de 100.000 años luz, así que esa estrella definitivamente está en nuestro vecindario solar", señala Zachory Berta-Thompson, coautor del trabajo e investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EE UU).

Los científicos han comprobado que el nuevo exoplaneta es demasiado caliente para albergar la vida humana, pero lo suficientemente frío como para tener una atmósfera consistente. Además, está lo suficientemente cerca para que los telescopios actuales y futuros puedan observar la composición y dinámica de su atmósfera.

“Si encontramos que este planeta caliente ha conseguido aferrarse a su atmósfera durante miles de millones de años, es un buen augurio para el objetivo a largo plazo de estudiar planetas más fríos que podrían tener vida", dice Berta-Thompson. "Por fin tenemos un objetivo para apuntar nuestros telescopios, y analizar mucho mejor el funcionamiento de un exoplaneta rocoso y lo que le hace funcionar".

Una vecina enana M

La estrella en torno a la que gira GJ 1132b  pertenece al grupo de las enanas M (estrellas de hidrógeno con menos del 60 % del tamaño del Sol), la clase más común en nuestra galaxia. Estudios recientes han demostrado que estas estrellas gran número de planetas con entre 0,5 y 1,5 veces el tamaño de la Tierra.

Sin embargo, los exoplanetas más cercanos observados hasta el momento están a unos 127 años luz de distancia, lo que es demasiado lejos para medir sus masas o para estudiar sus atmósferas.
 
Berta-Thompson y el resto del equipo han confirmado que el radio de GJ 1132b es 1,2 veces mayor que el de  la de la Tierra , y que transita o pasa por delante de su pequeña estrella a los 39 años luz. También han usado el método Doppler para demostrar que su densidad es similar a la de nuestro planeta y que probablemente está compuesto de hierro y roca.

Los datos muestran que el exoplaneta recibe 19 veces más radiación de su estrella que la Tierra del Sol. Sin embargo, GJ 1132b es lo suficientemente frío como para haber conservado su atmósfera, aunque probablemente se ha empobrecido de hidrógeno a lo largo del tiempo.

Para realizar este estudio y conseguir todos estos datos, los investigadores han utilizado las observaciones del conjunto de telescopios robóticos MEarth-South, situados en Cerro Tololo (Chile).

Referencia bibliográfica:

Zachory Berta-Thompson et al.  “A rocky planet transiting a nearby low-mass star”. Nature 527, 12 de noviembre de 2015. Doi: 10.1038/nature15762.

Zona geográfica: España
Fuente: SINC

Comentarios

  • Joaquin Felix Rodriguez Bassecourt |18. noviembre 2015 09:00:10

    Si pretendiéramos establecer una topología de planetas semejantes a la Tierra, creo que tendríamos que comenzar por realizar una caracterización evolutiva de su biomasa a partir de la capacidad energética para aprovechar la energía radiada por la estrella a partir de la cual orbita.

    Esto implicaría si consideramos la existencia como una ley física de conservación, que deberíamos considerar la evolución astrofísica de las estrellas y geológico atmosférica de los planetas, como si fueran expresiones particularizadas de esas leyes físicas de conservación, cuya funcionalidad operativa tendría como parámetros la optimización cuantitativa y cualitativa de la potencia existencial desarrollable por dicho subconjunto de la potencia existencial del universo, en tanto que expresión de esa ley física de conservación.

    Lo que implicaría que la evolución física tanto estelar como planetaria determinaría el desarrollo especifico de mecanismos estelares y planetarios, que se caracterizarían por una optimización de la potencia existencial a desarrollar por la partición representativa, que se correspondería con ese subconjunto del universo con respecto a la distribución en clases de equivalencia de la potencia existencial a desarrollar en tanto que expresión particularizada de la ley física de conservación que constituye la existencia.

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