BIOMEDICINA Y SALUD: Medicina del trabajo

Viajar a la Luna no es bueno para el corazón

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Los astronautas de las misiones Apolo, los únicos humanos que han salido de la protectora magnetosfera terrestre, muestran mayor tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares que aquellos que han volado en órbitas más bajas. Así lo recoge un estudio de investigadores estadounidenses, donde se apunta que la radiación del espacio profundo afecta negativamente al endotelio de los vasos sanguíneos. 

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SINC | | 28 julio 2016 15:00

<p>Un astronauta  camina sobre la superficie de la Luna durante la misión Apolo 11. / NASA</p>

Un astronauta  camina sobre la superficie de la Luna durante la misión Apolo 11. / NASA

Los participantes del exitoso programa espacial Apolo, que en los años 60 y 70 lograron llegar varias veces a la Luna, están experimentando tasas elevadas de enfermedades cardiovasculares y la causa podría ser la radiación cósmica a la que estuvieron sometidos durante sus viajes espaciales.

Esta es la conclusión que señala un equipo de investigadores, liderados por el profesor Michael Delp desde la Universidad Estatal de Florida (EE UU), en el estudio que publican esta semana en la revista Science Reports.

La tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares entre los astronautas de las misiones Apolo lunares fue de un 43% frente al 9% y 11 % de los que no volaron o lo hicieron en órbitas bajas

"Sabemos muy poco acerca de los efectos de la radiación del espacio profundo en la salud humana, en particular en el sistema cardiovascular, pero este trabajo ofrece una primera aproximación de sus efectos adversos", destaca Delp.

Los autores compararon la causa de la muerte de siete astronautas de las misiones Apolo a la Luna con las de 35 astronautas que nunca llegaron a volar y otros tantos que lo hicieron en la llamada órbita terrestre baja (LEO, por sus siglas en inglés), una zona que llega hasta aproximadamente los 2.000 kilómetros de la Tierra y donde el campo geomagnético terrestre protege de la radiación espacial.

Los resultados revelan que la tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares entre los astronautas de las misiones Apolo lunares (un 43%) era casi cinco veces mayor que la de los que no volaron (9%) o lo hicieron en la zona LEO (11%).

Estos datos sugieren que viajar más allá de la protectora magnetosfera de la Tierra tiene efectos perjudiciales para la salud, pero para probar la base fisiológica y mecánica que está detrás, los autores llevaron a cabo experimentos con 44 ratones. El objetivo fue determinar si los efectos a largo plazo de una ingravidez simulada y una irradiación como la del espacio eran relevantes para el sistema vascular.

Efectos negativos de la radiación, no por la ingravidez

Los resultados de las pruebas mostraron que los efectos negativos sobre el sistema vascular son el resultado de exposición a la radiación y no por la ingravidez. Los autores apuntan que los daños inducidos por la radiación cósmica en el endotelio que recubre el interior de los vasos sanguíneos podría ser un factor importante en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares que padecen los astronautas.

"Lo que muestran los datos con los ratones es que la radiación del espacio profundo es perjudicial para la salud vascular", concluye Delp.

Este es el primer estudio que analiza la mortalidad de los astronautas del programa Apolo, activo desde 1961 hasta 1972, con once vuelos tripulados entre 1968 y 1972. Nueve de ellos transcurrieron en el espacio profundo más allá de la órbita terrestre baja. Aquellos míticos vuelos incluyeron éxitos como la primera llegada del hombre a la Luna, pero también fracasos como la misión Apolo 13, que inspiró la popular película de Ron Howard.

Referencia bibliográfica:

Michael Delp et al. “Apollo Lunar Astronauts Show Higher Cardiovascular Disease Mortality: Possible Deep Space Radiation Effects on the Vascular Endothelium”. Scientific Reports, 2016. DOI 10.1038/srep29901

 

Zona geográfica: Norteamérica
Fuente: SINC

Comentarios

  • Joaquin Felix Rodriguez Bassecourt |01. agosto 2016 08:57:35

    Si consideramos que el complejo cuerpo de un mamífero ha de realizar cambios continuos definiendo conversiones de energía electroquímica en termodinámica, mecanodinámica, etc. Lo que implica la existencia en los sistemas vivientes de los mamíferos, de unos eficaces conversores cuánticos de energía, que han de cambiar los géneros específicos de los fotones energéticos (electrodinámicos en mecanodinámicos, termodinámicos en magnetodinámicos, etc.,) tenemos que los fotones electromagnéticos que forman la radiación del espacio profundo, tienen unos niveles de energía que superan ampliamente los fotones energéticos, los cuales expresan la constante cuántica que rige los cambios energéticos en la materia atómico molecular que forma los cuerpos de los mamíferos.

    Esto implica que inducen cambios en los sistemas cuánticos encargados de realizar las conversiones energéticas, que si bien hacen posible la supervivencia de los astronautas a las condiciones de radiación altamente energética del espacio profundo, estas alteraciones se conservan y son causa de las enfermedades cardiovasculares.

    Ya que no debemos olvidar que por sus propias características el sistema circulatorio del cuerpo de un mamífero tiene necesidad de realizar cambios continuos, transformado los géneros específicos de los fotones energéticos. Así que los procesos de adaptación que garantizan la supervivencia de los astronautas a la radiación del espacio profundo, tienen como contrapartida la desestabilización al volver el sistema a las condiciones en que fue diseñado por la evolución.

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