Un estudio revela cómo la microbiota de la piel en los huéspedes y los microbios del intestino de los propios insectos actúan como reguladores clave en la transmisión de virus, lo que abre nuevas vías para el control de patologías vectoriales.
Esta capacidad hace que su sistema hidráulico sea igual de resistente a la sequía que el de los ejemplares más bajitos de la misma especie. Para compensar su altura, estos gigantes han adaptado los conductos por donde circula el agua y sus hojas aguantan mejor la deshidratación.