Un eclipse solar es mucho más que un espectáculo visual. Detrás de la alineación del Sol, la Luna y la Tierra hay un complejo cálculo matemático que permite predecir con gran precisión cuándo y dónde ocurrirá. La geometría, la trigonometría y la mecánica celeste convierten así un fenómeno natural en una de las predicciones más precisas de la astronomía.
No es ninguna sorpresa que durante largo tiempo a las mujeres se les negó el acceso a estudios y carreras científicas. Lo sorprendente es que, pese a ello, pudiera surgir una oleada de astrónomas que, sobre todo en el siglo XIX y en los países anglosajones, persiguieron, observaron y estudiaron eclipses solares viajando por todo el mundo.
La tríada de eclipses de Sol que nos visita entre 2026 y 2028 marcará el 250 aniversario de un precedente histórico: en 1778 el marino y científico Antonio de Ulloa contempló un ocultamiento total desde un navío en alta mar, observando curiosos fenómenos solares y lunares nunca antes descritos, lo que marcó un hito para la ciencia española de la Ilustración.
Observar el sol durante el eclipse no es más peligroso per se que hacerlo en un día normal. Pero hay una diferencia clave: en un día soleado, contemplar directamente al astro rey nos molesta y apartamos la mirada, mientras que durante el eclipse la intensidad luminosa es mucho menor, por lo que nuestro cerebro ordena a nuestra pupila dilatarse para ver mejor.
El telescopio solar más grande del mundo registra imágenes en alta resolución de la fotosfera que confirman, por primera vez, la presencia de inestabilidades asociadas al transporte de energía y campos magnéticos.
Por mucho que nos cueste creerlo, la gravedad también influye sobre la luz y, de hecho, es capaz de doblarla y curvarla. Esto se debe a que, como dijo Einstein, no es una fuerza en sí misma sino una manifestación de la curvatura del espacio-tiempo; un fenómeno que puede observarse en eventos como los eclipses.
El sonido es algo más que notas inscritas en un pentagrama, también puede esconder un código que hable, por ejemplo, de la intensidad de la luz atmosférica de una determinada zona. Llega a España un proyecto de la Universidad de Harvard que ha desarrollado un dispositivo capaz de convertir un eclipse en música.
Un equipo investigador ha descubierto que los fenómenos meteorológicos espaciales más extremos cesan de forma abrupta en un punto concreto del ciclo solar. El número de manchas registrado entonces permite estimar, con seis o siete años de antelación, la intensidad del siguiente ciclo.
Cuando el Sol se oculta de forma total por el horizonte no solo provoca una serie de cambios físicos en la temperatura o en la presión del aire, también lo hace sobre la biodiversidad. Saber a ciencia cierta lo que les pasará a estos animales durante el eclipse del 12 de agosto es todo un reto, pero aquí se exponen algunas hipótesis.
Queda un mes para el primero de los tres eclipses totales de Sol y todavía es posible participar en iniciativas de ciencia ciudadana como EclipseDSM, ECOECLIPSE o la misión Globo-Sonda.