Cada verano, cuando los incendios forestales vuelven a ocupar las portadas, reaparecen también las mismas explicaciones y las mismas soluciones aparentemente sencillas. "Hay que limpiar los montes". "El problema es el combustible". "Después habrá que restaurarlo todo". Son frases comprensibles y bienintencionadas, pero que, repetidas una y otra vez, terminan simplificando un fenómeno extraordinariamente complejo. Y las soluciones sencillas rara vez funcionan para los problemas complejos.
Los incendios forestales dejan una factura que va mucho más allá de las hectáreas quemadas. Los costes económicos, sociales y ambientales que generan estos desastres van desde la pérdida de biodiversidad y productividad hasta el impacto sobre el turismo y las infraestructuras. La prevención se plantea como la inversión más rentable.