Un eclipse solar es mucho más que un espectáculo visual. Detrás de la alineación del Sol, la Luna y la Tierra hay un complejo cálculo matemático que permite predecir con gran precisión cuándo y dónde ocurrirá. La geometría, la trigonometría y la mecánica celeste convierten así un fenómeno natural en una de las predicciones más precisas de la astronomía.
En tiempos de Jaume I, el Sol y la Luna regalaban el espectáculo mágico de los eclipses solares totales tan solo a las personas con más suerte. En 1239, el monarca fue testigo de un eclipse total de cinco minutos que, años después, mencionó en sus memorias.