Este microambiente entre las células del cerebro permite el movimiento de los neurotransmisores, lo que influye en la rapidez y en la precisión de la comunicación neuronal. El nuevo trabajo ha descubierto que este ‘hueco’ extracelular no es pasivo, como se creía hasta ahora, sino que posee un rol importante en el correcto funcionamiento del cerebro.
Mientras que la superficie visible de nuestra estrella ronda los 6 000 grados, su atmósfera exterior puede alcanzar temperaturas mucho más altas y superar varios millones de grados. Un estudio revela que unas estrechas explosiones de plasma, conocidas como nanojets, podrían ser las responsables de que esta última capa sea mucho más cálida.