En 1919 el astrónomo Arthur Eddington aprovechó un eclipse solar total para tomar mediciones que confirmaron una de las predicciones de la teoría de la relatividad de Albert Einstein: que las grandes masas como la del Sol eran capaces de curvar la luz. La repercusión mundial de aquella revolución científica convirtió al alemán en una superestrella.
Imágenes del telescopio James Webb han permitido reconstruir con un detalle sin precedentes el entramado invisible que sostiene la arquitectura del cosmos. El resultado ofrece una visión más precisa del papel de la materia oscura en el origen de las primeras estructuras del universo, desde los cúmulos galácticos hasta los sistemas donde surgen estrellas, galaxias y planetas.