Habrá gente que opine que las cosquillas son únicas entre individuos y que no todas las personas son igual de sensibles a ellas. Un nuevo estudio revela que esta sensación, para muchas incómoda, trasciende culturas y podría tener una razón evolutiva.
Este pasado 12 de agosto, millones de observadores en España se han extasiado admirando un espectáculo natural difícil de contemplar. Más allá de la astronomía, la visión de este fenómeno nos deja una huella psicológica: en tiempos antiguos era el terror, pero hoy es un asombro maravillado que tiende a unirnos en comunidad con nuestros semejantes.