Los humanos producimos más contenidos de los que podemos almacenar, sin que hasta ahora ninguno de los formatos físicos de memoria se haya demostrado capaz de perdurar. La ciencia ofrece ahora otra opción: la molécula de los genes puede reconvertirse para codificar información digital, con una capacidad y una durabilidad impensables para los sistemas electrónicos.
Un equipo de la Universidad de Washington demuestra que combinar inteligencia artificial con ordenadores cuánticos permite simular sistemas complejos y descubrir propiedades inéditas en estos materiales. Este avance podría impulsar el desarrollo de nuevos dispositivos de computación y electrónica más eficientes.