Dos aviones idénticos pueden despegar con el mismo consumo de combustible y dejar huellas climáticas distintas. El resultado no depende solo de las emisiones de dióxido de carbono, sino de cómo, cuándo y por dónde operan dentro del espacio aéreo. Incorporar estas variables en la planificación de rutas abre la puerta a rediseñar la actividad aérea para reducir su impacto ambiental.
Estas estructuras geológicas desempeñan un papel dual: pueden facilitar el ascenso del magma, pero también reducir su presión e interrumpir una posible erupción. Un estudio amplía el conocimiento sobre las erupciones fallidas y aporta nuevas claves para la prevención de futuras crisis sísmicas.