La emergencia deja además cientos de heridos y graves daños materiales, mientras los equipos de rescate trabajan para localizar a posibles supervivientes entre los edificios colapsados.
En tiempos de Jaume I, el Sol y la Luna regalaban el espectáculo mágico de los eclipses solares totales tan solo a las personas con más suerte. En 1239, el monarca fue testigo de un eclipse total de cinco minutos que, años después, mencionó en sus memorias.