Al igual que sabemos cómo la lengua organiza los sabores básicos, un equipo de Harvard ha descubierto que el olfato sigue un orden espacial estricto en franjas, aunque con una complejidad varios órdenes de magnitud mayor que la del gusto.
Un estudio del Centro de Astrobiología, INTA-CSIC, describe una emanación a 2,5 km de profundidad frente a Antofagasta (Chile), con gran diversidad de microorganismos implicados en ciclos biogeoquímicos. A diferencia de otros sistemas similares, no presenta metano, lo que la convierte en un entorno de especial interés científico.