Un nuevo estudio demuestra que estos animales procesan las sonrisas en una región cerebral única y, por primera vez, aporta pruebas de que pueden distinguir entre expresiones faciales negativas, como la ira, la tristeza y el miedo.
A diferencia de los animales o los árboles, los científicos no pueden simplemente contar fechas o anillos de crecimiento para estimar la longevidad de los hongos. En un artículo publicado en Cell Press un grupo de expertos ha analizado por qué la edad de las especies que pertenecen a este reino sigue siendo una enigma.