El brote se corresponde con la cepa de Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30 % y el 50 % y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud, que considera “alto” el riesgo de expansión del brote en África subsahariana y “bajo” a escala global.
Un informe de la OMS refleja que 13,5 millones de bebés no recibieron ninguna dosis en 2025.