El origen de esa radiación espacial es variable: procede del espacio galáctico e intergaláctico, pero también de nuestro propio Sol –por su actividad nuclear y electromagnética– y de partículas atrapadas por el campo magnético terrestre, en los denominados cinturones de Van Allen.
Investigadores del Instituto de Biomedicina de Valencia del CSIC han descubierto que distintas especies de fagos, virus de las bacterias, comparten un ‘lenguaje común’ para decidir de forma colectiva si infectan las bacterias o se integran en su genoma.