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Robert Valeur (a la derecha) y un representante del cantón de Ginebra observan los primeros movimientos de tierra. / CERN

Robert Valeur (a la derecha) y un representante del cantón de Ginebra observan los primeros movimientos de tierra. / CERN

Los trabajos que estos dos hombres miran fijamente no pertenecen a una obra cualquiera. Se trata del primer día de la construcción del CERN, en la campiña de Meyrin, en el cantón de Ginebra.

La ciudad suiza había sido elegida como emplazamiento del laboratorio en octubre de 1952 pero la decisión tuvo que pasar un obstáculo más: un referéndum en el cantón de Ginebra en junio de 1953. Algo más de un año después –el 1 de julio de 1954– los estados fundadores firmaron el Convenio del CERN, que fue ratificado en septiembre.

Pero antes de esa fecha el personal del incipiente CERN ya estaba trabajando duro en la construcción de su futuro hogar, que en las décadas posteriores se convertiría en una de las catedrales mundiales de la ciencia. En la fotografía –tomada el 17 de mayo de 1954– Robert Valeur, en ese momento presidente del consejo provisional de CERN, (a la derecha) y un representante del cantón de Ginebra observan los primeros movimientos de tierra. Seguramente, en ese momento, ni siquiera se planeaban soñar las metas científicas que el laboratorio alcanzaría en las décadas siguientes.

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