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Las aguas profundas y centenarias del océano Antártico impiden que se caliente

K. Armour / UW
30 mayo 2016 17:00 CEST

Durante los últimos 50 años, el calentamiento en el Ártico ha sido rápido mientras que el océano Antártico se calentado poco o nada.

Mientras que la temperatura del agua marina de todo el planeta se calienta, la del océano Antártico se mantiene inexplicablemente estable. Ahora, un equipo de la Universidad de Washington y del Massachusetts Institute of Technology (EE UU) confirma que sus corrientes marinas podrían ser la respuesta a este misterio.

Las observaciones y modelos climáticos, publicados en la revista Nature Geoscience, muestran que las corrientes que rodean a la Antártida arrastran agua profunda y centenaria hasta la superficie. “Con el aumento del CO2 se esperaría un mayor calentamiento en ambos polos, pero solo ocurre en uno. Algo más está pasando”, dice Kyle Armour, investigador de la universidad estadounidense.

Los vientos huracanados procedentes del oeste y que azotan de manera constante los alrededores de la Antártida empujan las aguas de la superficie hacia el norte, sacando continuamente el agua desde abajo en todo el continente helado. Estas aguas del océano proceden de grandes profundidades, y sus fuentes son tan lejanas, que aún tardarán siglos antes de alcanzar en su totalidad la superficie. Según el estudio, la última vez que esta agua estuvo en contacto con la atmósfera fue en el Atlántico Norte, y luego se hundió y siguió rutas enrevesadas alrededor de los océanos del mundo antes de resurgir en la Antártida, cientos o incluso miles de años después.

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