Un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Canarias descubrió que, tras una erupción, las partes externas del disco de un agujero negro comenzaron a disminuir su brillo, en lugar de aumentar. Según sus resultados, esto se debe a los cambios en la estructura interna del disco.
Los modelos superaron a los métodos estadísticos tradicionales, aunque su capacidad predictiva varió según el tipo de cáncer. Los resultados fueron prometedores para el tumor de pulmón, esófago e hígado, y más limitados en ovario, mama y cuello uterino.