Habrá gente que opine que las cosquillas son únicas entre individuos y que no todas las personas son igual de sensibles a ellas. Un nuevo estudio revela que esta sensación, para muchas incómoda, trasciende culturas y podría tener una razón evolutiva.
Un estudio revela que la abundancia de señales acústicas durante el cortejo dificulta la toma de decisiones de las hembras y reduce la probabilidad de seleccionar al macho. El efecto se mantiene incluso cuando se controla el ruido de fondo, lo que apunta a una limitación cognitiva ante un exceso de opciones.