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Un estudio investiga la repercusión de la deficiencia de yodo en niños prematuros en el desarrollo psicomotor durante la infancia

Un estudio del Servicio de Neonatología del Hospital La Paz de Madrid (adscrito a la Universidad Autónoma de Madrid) ha valorado la relación entre la ingesta de yodo y el desarrollo psicomotor de los bebés prematuros.

El yodo es un mineral esencial. La glándula tiroides necesita yodo para poder producir hormonas encargadas de regular el metabolismo, el crecimiento y el funcionamiento de los nervios y los músculos, sobre todo, durante el embarazo y la infancia. El déficit de yodo puede ocasionar daños neurológicos irreversibles en el niño.

La cantidad de yodo necesario para los recién nacidos es de 30 microgramos por kilogramo de peso y día. Los niños pueden obtener yodo a través de la leche materna y las fórmulas infantiles. En los niños prematuros y enfermos, no se consigue aportar suficiente cantidad de yodo a través de la alimentación, y se encuentran en un riesgo grave de sufrir una deficiencia durante un periodo de su vida en el cual las hormonas tiroideas son esenciales para su crecimiento y desarrollo.

El motivo del estudio, realizado por la doctora Susana Ares del Servicio de Neonatología del Hospital La Paz de Madrid (UAM) y publicado en la revista Acta Pediátrica, fue valorar el desarrollo psicomotor de los bebes prematuros y analizar si existía relación entre la ingesta de yodo y el desarrollo de los niños. Se incluyeron 67 niños con menos de 30 semanas de gestación.

Se recogieron los datos del embarazo, parto, la patología neonatal, medicación, tipo de alimentación, muestras de leche materna y fórmula a los días 7, 14, 21 postnatales y al alta. Se analizó el contenido de yodo en la leche materna y en las fórmulas infantiles y la ingesta de yodo. Se valoró el desarrollo psicomotor a los 6, 9, 12, 18 y 24 meses de edad utilizando el Test de Brunnet-Lezine (mide las áreas de Visualización, Razonamiento, Atención y Memoria).

La edad gestacional media fue de 27,5 semanas; la media del peso fue de 986,5 gr. Los cocientes corresponden a las áreas de desarrollo de la prueba de Brunnet-Lezine: Control Postural y motricidad, Coordinación óculo-motriz y adaptación a los Objetos, Lenguaje, Sociabilidad.

Según el índice de desarrollo y las normas de la Organización mundial de la salud, se dividieron los niños según el daño neurológico: Grupo 1=daño Profundo (0-20), Grupo 2=daño grave (21-35), Grupo 3=daño Moderado (36-50), Grupo 4= daño Ligero (51-68), Grupo 5=daño Límite (69-85), Grupo 6=Normal (86-100), Grupo 7=desarrollo Alto (>100). A los 6 meses de vida el 34 % de los niños alcanzaban puntuación menor de 68; a los 9 meses el 15,8 % de los niños puntuación menor de 68; a los 12 y 18 meses se encontraron 6,25 y 6,6 % niños con niños puntuación menor de 68 y ningún niño presentó daño neurológico a los 24 meses.

La ingesta real de los niños prematuros no alcanzaba las recomendaciones de yodo, por lo que se encontraban en una situación de deficiencia de yodo. Se encontraron diferencias significativas en los índices de desarrollo psicomotor entre grupos de niños que presentaron ingesta de yodo inferiores a los niños de la misma edad y patología. Los índices que se encontraron relacionados, en mayor número de niños, con la ingesta de yodo fueron el índice Control Postural y motricidad, de lenguaje y el cociente global de inteligencia.

Se concluyó que la deficiencia de yodo durante los primeros 60 días, tiene una correlación con los índices de desarrollo psicomotor durante los primeros 24 meses de vida. Es importante un seguimiento del desarrollo psicomotor en todos los niños prematuros y que se evalúe individualmente la ingesta de yodo durante el periodo neonatal.

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Proyecto de Investigación FIS 99/371 años 1999-2001.

Fuente: UAM
Derechos: Creative Commons
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