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Esta semana conocíamos la inclusión de cuatro nuevos elementos en la tabla periódica y descubríamos que Ötzi, el hombre que vino del hielo, ya tenía la bacteria Helicobacter pylori en su estómago.
Además, se ha publicado un estudio con la primera evidencia de cortejo entre dinosaurios y hemos conocido que el dinosaurio carnívoro gigante ‘Spinosaurus’ se alimentaba como un pelícano.
La fauna animal nos ha dejado varios titulares: los tiburones leopardo navegan con la nariz, los camaleones más pequeños tienen las lenguas más potentes y las aves pequeñas prefieren viajar con amigos.
Científicos británicos han diseñado por primera vez unas gafas especiales –con una lente azul y otra verde– a unas mantis religiosas, protagonistas esta semana de nuestro #Cienciaalobestia. Los resultados confirman que este invertebrado usa una percepción visual en tres dimensiones para cazar con eficacia.
A las construcciones, puzles, coches, peluches y muñecas se une desde hace unos años una nueva categoría de juegos que dicen fomentar el interés por las ciencias en niños y niñas. Sin embargo, aunque los juguetes STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, en sus siglas en inglés) están cada vez más solicitados, no hay evidencia científica que muestre que realmente estos impulsen más el interés por la ciencia que los juguetes clásicos y sencillos.
Un Spinosaurus se alimentan de peces en el Sureste de Marruecos hace unos 100 millones de años / Ilustración de Sergey Krasovskiy
Tiburón leopardo (Triakis semifasciata) seguido durante el estudio. / Kyle McBurnie
El año 2015 ha estado marcado por los asesinatos yihadistas del Estado Islámico. Los atentados de París en enero y noviembre han sembrado el miedo en la sociedad occidental. Lo más sorprendente es que en ambos casos los terroristas eran ciudadanos europeos. ¿Qué lleva a un joven a inmolarse para atacar a sus vecinos? Expertos en sociología, criminología y política internacional investigan para entender qué les ofrece la organización terrorista y qué está haciendo mal Europa.
El estudio demuestra que pequeñas aves como el lúgano (Carduelis spinus) tienen un carácter social y son capaces de desplazarse con el mismo grupo durante varios años y recorriendo distancias de varios cientos de kilómetros. / EOL
Tabla periódica./ Fotolia