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Después de colarse en los laboratorios más punteros del mundo durante su año en el MIT, Pere Estupinyà (Tortosa, 1974) decidió acotar su campo de investigación y dedicarse al sexo. Para escribir su libro S=ex2.La ciencia del sexo, ha visitado los centros donde los científicos exploran los recovecos de la sexualidad humana; incluso se ha prestado voluntario en experimentos y ha extendido su estudio de campo a clubes de sadomasoquismo, reuniones de asexuales y locales de swingers. Este fin de semana firmará ejemplares en la Feria del Libro de Madrid.
Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) han conseguido regular por primera vez la elongación y el sentido de giro de un polímero helicoidal. El avance, portada de la revista Chemical Science, puede ayudar al desarrollo de nuevos nanomateriales con aplicaciones en biomedicina y telecomunicaciones.
Un equipo de científicos europeos, incluidos algunos de las universidades de Granada y Zaragoza, ha descubierto magnetismo permanente en partículas nanométricas de oro sobre capas proteicas. El hallazgo podría aplicarse en el futuro como unas sustancia antitumoral por calentamiento local o en la liberación de medicamentos.
Investigadores de la Universidad de Cádiz han llevado a cabo un proyecto pionero en España que describe cómo el efecto inmediato o temprano de la técnica de estimulación cerebral profunda (ECP) para el tratamiento de los pacientes que padecen depresión mayor resistente, está condicionado por el uso de fármacos analgésicos y antiinflamatorios administrados después de la cirugía.
Los avances en tecnologías de la información dan acceso a una gran cantidad de datos, no siempre controlados, contrastados y actualizados. Por ello, el Observatorio de Bioética y Derecho acaba de publicar un documento con recomendaciones, que incluye aspectos éticos, jurídicos y sociales, que ayuden a gestionar y contrextualizar mejor este gran caudal de información.
Secuencia de la explosión de uno de los bólidos durante la lluvia de Dracónidas. / A. Francisco Marín
Durante la lluvia de Dracónidas que generó el cometa cometa 21P/Giacobini‐Zinner en 2011 se produjeron alrededor de 400 meteoros por hora y 950 kg de fino material que cayó a la Tierra. Así lo confirman las observaciones y datos registrados por un equipo de astrónomos españoles, que publican ahora los resultados en las Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.