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La imagen muestra el proceso de modelado con una punta caliente de estructuras tridimensionales complejas, como una nanoréplica del Matterhorn (famosa montaña de los Alpes, en la frontera suizo-italiana) a partir de un cristal molecular orgánico.
Un equipo científico de la Universidad de Harvard (EE UU) y del Instituto SERP (Boston, EE UU) señala la dificultad para entender textos científicos por parte del alumnado de secundaria que lee de forma fluida inglés. El trabajo aparece en el último número de la revista Science, que esta semana se centra en el ámbito de la educación, y hace hincapié en la necesidad de enseñar el lenguaje académico para aprender ciencia y otras materias.
Investigadores estadounidenses presentan, en el último número de Science, un registro de 700 años de variabilidad monzónica en Asia a partir del estudio de los anillos de los árboles en más de 300 lugares diferentes. El atlas de la sequía en la Asia monzónica (MADA, en sus siglas en inglés) permitirá entender mejor la variabilidad monzónica del pasado y del futuro en un contexto de cambio climático global.
“Las independencias de América no fueron un movimiento anticolonial sino parte del proceso de transformación política y de disolución de la monarquía española” ha asegurado esta mañana Jaime Rodríguez,catedrático de Historia de América Latina en el departamento de Historia de la Universidad de California, durante su intervención en el I Foro Editorial de Estudios Hispánicos y Americanistas que, organizado por la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE) y el Instituto Cervantes, se está celebrando entre hoy y mañana en la Universitad Jaume I de Castellón.
“La castellanización de América no se produjo en el período virreinal. La propagación del español se produjo avanzado el siglo XIX, con las guerras de la independencia”. La afirmación es del académico Fernando González Ollé y ha sido realizada esta mañana en el I Foro Editorial de Estudios Hispánicos y Americanistas.
Cristina Garmendia (izquierda) y Lourdes Arana (derecha) esta mañana durante la presentación de la Agenda Ciudadana de Ciencia e Innovación.
Echarse una siesta después de estudiar puede mejorar el aprendizaje y la memoria.
Unos hábitos de estudio exitosos deberían incluir muchas siestas. Así lo indica un nuevo estudio, que hoy publica la revista Current Biology en su edición online, y que muestra cómo las personas que duermen una siesta y sueñan con una tarea que acaban de aprender la realizan mejor cuando despiertan que aquellas que no duermen nada o que duermen pero no tienen ningún sueño asociado.
Un equipo dirigido por el químico Song Jin de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE UU) ha demostrado que un simple defecto de la red cristalina, conocido como “dislocación helicoidal o de tornillo”, guía la formación de nanotubos huecos de óxido de zinc de tan sólo unas pocas millonésimas de centímetro de espesor. Las conclusiones aparecen hoy la revista Science.