Estrés acústico en cetáceos

El ruido del Estrecho de Gibraltar obliga a las ballenas piloto a 'gritar' más, pero no es suficiente

En uno de los corredores marítimos más transitados del planeta, estos mamíferos están adaptando su lenguaje para sobrevivir al ruido antropogénico. Sin embargo, su respuesta tiene límites y no logra evitar la pérdida de eficacia en su comunicación, con posibles consecuencias sobre la coordinación del grupo y la búsqueda de alimento.

El ruido del Estrecho de Gibraltar obliga a las ballenas piloto a 'gritar' más, pero no es suficiente
Ballenas piloto (Globicephala melas). / CIRCE

El Estrecho de Gibraltar es un corredor biológico, pero también un embudo acústico saturado de ruido. Cada año lo cruzan más de 60 000 buques, en una de las rutas marítimas más transitadas del planeta. El ruido submarino es una forma de contaminación que no vemos, pero que tiene efectos muy reales en la salud animal.

En este paisaje conviven varias especies de cetáceos, entre ellas la ballena piloto (Globicephala melas), catalogada como críticamente amenazada. A diario, ferris, cargueros y embarcaciones turísticas atraviesan el mismo espacio que utilizan estos animales para comunicarse.

Si en humanos la exposición prolongada al ruido ambiental se asociado con trastornos del sueño, incremento del estrés fisiológico y mayor riesgo de problemas cardiovasculares, para estos mamíferos marinos, las señales acústicas son fundamentales para sobrevivir. Les ayudan a orientarse, mantener la cohesión del grupo o coordinarse durante la búsqueda de alimento. Pero en este entorno, la comunicación compite constantemente con el ruido de los motores.

La presión humana es constante en este enclave. Cualquier aumento del ruido oceánico puede reducir el espacio en el que sus mensajes siguen siendo útiles.

Algunos tipos de llamadas ya no pueden hacerlas más fuertes

Frants H. Jensen, Universidad de Aarhus

Un nuevo estudio, que cuenta con la participación del Centro Oceanográfico de Canarias y CIRCE, revela que el ruido humano en el Estrecho interfiere en su comunicación. Como respuesta, las ballenas piloto “levantan la voz” para hacerse oír en un entorno cada vez más hostil.

“Algunos tipos de llamadas ya no pueden hacerlas más fuertes. Una vez que emiten vocalizaciones cerca de sus límites fisiológicos —como parece ser el caso de algunos de sus tipos de cantos—, ya no hay margen para compensar el aumento del ruido”, dice a SINC Frants H. Jensen, que lidera el estudio en la Universidad de Aarhus (Dinamarca).

"En el Estrecho de Gibraltar el tráfico marítimo siempre ha sido intenso, pero en las últimas décadas se ha diversificado y, en algunos casos, intensificado. No solo hablamos de grandes buques comerciales que cruzan entre el Atlántico y el Mediterráneo, sino también de ferris rápidos, embarcaciones recreativas, pesca y actividad de avistamiento de cetáceos", declara a SINC Ruth Esteban Pavo, coautora del trabajo, actualmente en el Centro Oceanográfico de Canarias (IEO-CSIC). 

Ilustración creada por IA / Fuentes: IUCN, Journal of Experimental Biology, CIRCE

Ilustración creada por IA / Fuentes: IUCN, Journal of Experimental Biology, CIRCE

El ruido marítimo limita la comunicación

La investigación, publicada en Journal of Experimental Biology, se basa en el análisis de más de 1 300 vocalizaciones de 18 individuos. Los registros se obtuvieron entre 2012 y 2015 mediante dispositivos de succión colocados en los animales desde una embarcación científica. Estos aparatos medían el movimiento, la profundidad y el ruido ambiental antes de desprenderse y emerger a la superficie.

Los investigadores demostraron que estos animales aumentan la intensidad de sus llamadas cuando el ruido ambiental crece

El análisis de 1 432 llamadas permitió distinguir cuatro tipos de vocalizaciones: de baja frecuencia, pulsadas cortas, de alta frecuencia y de dos componentes. No todas se transmiten igual en el agua. Las de baja frecuencia y las de dos componentes alcanzan mayores distancias y resultan clave para la reunificación del grupo tras las inmersiones profundas.

"El problema no es solo la cantidad de ruido, sino su persistencia. En muchas zonas del Estrecho prácticamente no hay 'silencio acústico'. Esto supone un reto constante para especies altamente dependientes del sonido, como los calderones", señala Esteban Pavo.

Los investigadores demostraron que estos animales aumentan la intensidad de sus llamadas cuando el ruido ambiental crece, pero no lo suficiente como para contrarrestar completamente sus efectos.

"El ruido es una presión invisible, pero constante. No impide que los calderones se comuniquen por completo, pero sí hace que su mundo sea cada vez más pequeño", subraya la científica.

Es probable que, cuanto más ruido haya, más tiempo pasen los animales buscando a los miembros del grupo y menos sea el que dedican a la búsqueda de alimento

Frants H. Jensen

Los investigadores registraron niveles de ruido de fondo entre 79 y 144 decibelios, un rango que va desde un restaurante ruidoso hasta una aspiradora. En ese margen, las señales de las ballenas deben competir continuamente con el sonido del tráfico marítimo.

“Desconocemos cómo afecta la pérdida del alcance efectivo de la comunicación a comportamientos clave como la reunificación del grupo tras inmersiones profundas. Sin embargo, podemos hacer algunas conjeturas fundamentadas: es probable que, cuanto más ruido haya, más tiempo pasen los animales buscando a los miembros del grupo y menos sea el que dedican a la búsqueda de alimento. Pero los costes ecológicos del enmascaramiento de la comunicación se han estudiado muy poco”, argumenta H. Jensen.

El marcaje de los animales supuso un gran esfuerzo logístico para el equipo. “Fue muy complejo para los marcadores, el conductor de la embarcación y el resto de la tripulación. Ayudaron a localizar y rastrear a los animales. Dado que los datos se almacenan en las marcas, en ocasiones tuvimos que recuperarlas en condiciones meteorológicas muy adversas”, explica el científico.

Ballenas piloto marcadas. / CIRCE

Ballenas piloto marcadas. / CIRCE

Respuesta vocal al ruido ambiental

El trabajo confirma el denominado 'efecto Lombard'. Este mecanismo lleva a los animales a aumentar el volumen de sus señales acústicas en entornos ruidosos. En las ballenas piloto, los investigadores observaron incrementos de alrededor de 0,5 decibelios por cada decibelio adicional de ruido.

“Sabemos por este estudio y otros que el ruido altera su comportamiento acústico. Incrementan parcialmente la intensidad de sus vocalizaciones (efecto Lombard) y algunos tipos de señales, especialmente las importantes para mantener el contacto social, apenas pueden aumentar su volumen. En condiciones de ruido muy alto, pueden incluso reducir o posponer la comunicación”, explica la investigadora del IEO-CSIC.

En otros cetáceos, se ha documentado que el ruido puede influir en patrones de movimiento o buceo. “Es razonable pensar que en los calderones también podría tener efectos a distintos niveles, aunque hacen falta más estudios específicos”, añade.

Además, el estudio demuestra que la capacidad de compensación depende del tipo de llamada. Las vocalizaciones de alta frecuencia muestran los mayores incrementos de intensidad. En cambio, las llamadas complejas de dos componentes apenas se ajustan. Esta variabilidad sugiere que influyen tanto la función de cada señal como las limitaciones fisiológicas.

El problema no es solo la cantidad de ruido, sino su persistencia. En muchas zonas del Estrecho prácticamente no hay 'silencio acústico'

Ruth Esteban Pavo, IEO-CSIC

Los resultados también indican que el contexto de buceo no altera de forma significativa la capacidad de compensación. Sin embargo, sí modifica el volumen base de las llamadas.

Las señales más importantes para reencontrarse tras una inmersión profunda son, precisamente, las que menos margen tienen para aumentar su intensidad. Esto limita su eficacia en ambientes ruidosos.

En conjunto, los hallazgos apuntan a que el ruido antropogénico, considerado un contaminante marino por la Unión Europea, reduce la eficacia de la comunicación en estos cetáceos y afecta a funciones clave como la coordinación social y la búsqueda de alimento. En un entorno cada vez más ruidoso, incluso las señales más importantes empiezan a perder alcance funcional.

Población en declive

“Existen formas de gestionar las actividades marítimas para reducir los efectos sobre los animales; una de las más sencillas es, simplemente, reducir la velocidad de los buques”, señala H. Jensen.

Dado que en el Estrecho de Gibraltar solo quedan unas 250 ballenas piloto, los autores subrayan la necesidad de comprender mejor los efectos del ruido. El problema no es solo la intensidad del sonido, sino su persistencia en el tiempo y su acumulación. También reclaman medidas de gestión que protejan el entorno acústico marino.

Es necesaria más investigación para comprender el alcance del ruido al que están expuestos los animales y cómo varía con el tiempo

Frants H. Jensen

“Es necesaria más investigación para comprender el alcance del ruido al que están expuestos los animales y cómo varía con el tiempo. Cuáles son los costes ecológicos del enmascaramiento, cómo se traduce eso en consecuencias a nivel de población y cómo los efectos acumulativos del ruido y otros factores de estrés —como la contaminación, los brotes ocasionales de enfermedades y los cambios en los recursos alimenticios— afectan a los animales”, asevera el experto.

Para Esteban Pavo, las medidas más efectivas son aquellas que reducen el ruido sin requerir cambios estructurales complejos. "Algunas como identificar áreas importantes para los calderones y reducir allí la presión acústica; introducir mejoras tecnológicas en la flota, como hélices o mantenimiento; o aplicar buenas prácticas en el avistamiento de cetáceos, limitando el número de embarcaciones y manteniendo distancias adecuadas. Desviar grandes rutas marítimas es más complejo, pero pequeñas optimizaciones locales pueden tener impacto”, concluye.

En este escenario, la conservación de la especie depende no solo de reducir la presión sobre el hábitat, sino también de recuperar un espacio acústico en el que la comunicación vuelva a ser funcional. Cuando el ruido domina el océano, no solo se debilita la comunicación, también se erosionan los vínculos que mantienen unido al grupo.

Referencia:

Frants H. Jensen et al. “Vocal compensation to noise in long-finned pilot whales (Globicephala melas)”. Journal of Experimental Biology.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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