En uno de los corredores marítimos más transitados del planeta, estos cetáceos están adaptando su lenguaje para sobrevivir al ruido antropogénico. Sin embargo, su respuesta tiene límites y no logra evitar la pérdida de eficacia en su comunicación, con posibles consecuencias sobre la coordinación del grupo y la búsqueda de alimento.
Al igual que las personas reconocemos el canto de un pájaro o el ladrido de un perro, estos últimos, protagonistas del #Cienciaalobestia, diferencian no solo las vocalizaciones caninas de las humanas, sino que también reconocen el contenido emocional de cada sonido. Así lo revela un estudio que ha analizado el procesamiento neuronal de su información auditiva con electroencefalogramas no invasivos.
En el Golfo de Maine, al noreste del océano Atlántico, se concentran miles de mamíferos marinos en busca de peces que comer. Gracias a la teledetección acústica, un equipo de científicos ha logrado identificar, localizar y clasificar las vocalizaciones de ocho especies diferentes de cetáceos y cartografiar su distribución espacial respecto a sus presas.