Los alemanes sembraron el terror en los cielos con sus enormes zepelines, que tenían la ventaja de que podían volar más alto que los aviones que defendían territorio británico y eludir las baterías antiaéreas.
Su enorme capacidad de carga –muy superior a la de los aviones de la época– les permitía arrojar una cantidad ingente de bombas en cada ataque. / Channel 4