Anticiparse al enemigo es básico en cualquier guerra y una forma bastante simple de hacerlo es oírlos aproximarse. En esta imagen, tropas estadounidenses utilizan un localizador acústico montado sobre una plataforma con ruedas.
Las enormes bocinas amplificaban los sonidos a kilómetros de distancia, que eran monitoreados a través de los auriculares usados por un miembro de la tripulación, que podrían dirigir la plataforma para mover e identificar los aviones enemigos a distancia.
El desarrollo de localización acústica pasiva se aceleró durante la Primera Guerra Mundial, pero más tarde superada por el desarrollo del radar a partir de 1940.