Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones

El primer automóvil pensado para las masas

El Ford T, primer coche producido en masa en una cadena de montaje. / SINC

El 1 de octubre de 1908 sale por primera vez a la venta el Ford T (llamado cariñosamente Tin Lizzie), el clásico automóvil de la Ford Motor Company que popularizaría a partir de entonces un sistema industrial de trabajo: la cadena de montaje.

Henry Ford no fue el pionero en poner en marcha este sistema, como tradicionalmente se piensa. Unos años antes, Ransom Olds había fabricado por primera vez un vehículo mediante este proceso, su modelo Curved Dash.

Sin embargo, fue Ford quien logró perfeccionar la cadena de montaje para aumentar la producción reduciendo el tiempo y los costes. Además, el incremento de las ventas permitió subir los salarios y establecer la jornada laboral en 8 horas diarias.

Esta nueva manera de trabajar se basaba en la racionalización de las operaciones. Mediante una cinta transportadora, cada pieza llegaba hasta los empleados (y no al revés, como se había hecho hasta entonces) y cada uno de ellos realizaba una función específica, preparando cada elemento del coche para la siguiente fase de producción.

El lanzamiento del Ford T supuso toda una revolución en el mercado automovilístico. Tenía un precio barato y era producido en masa gracias al sistema que empleaba la Ford Motor Company. La gran demanda de este modelo permitió que en la década de los 20 la cifra de vehículos vendidos superase los diez millones.

Además, ayudó a impulsar la economía de Estados Unidos: se construyeron carreteras, el rendimiento de las gasolineras favoreció a las empresas petroleras y las familias norteamericanas aumentaron su poder adquisitivo.

El Ford T se convirtió en pocos años en el coche más vendido del mundo. Sin embargo, en 1927 la compañía decidió dejar de fabricarlo ya que la innovación tecnológica y el avance del mercado automovilístico lo dejaron obsoleto frente a sus competidores.