“El día en que se extinguieron los dinosaurios fue el más trágico de la historia de la Tierra”

Como pocos lo han hecho, la estadounidense Riley Black relata en su libro más reciente lo ocurrido durante el millón de años posterior al impacto del asteroide: un período de devastación extrema, pero también de una sorprendente recuperación de la vida en el planeta.

Riley Black
Según la periodista de ciencia Riley Black, cada organismo es una auténtica maravilla de la evolución que merece nuestro asombro. Pero hay especies con las que sentimos una conexión más intensa. / Foto cedida por la autora

Nadie sabe con precisión si fue un domingo por la tarde, un lunes por la mañana o un viernes a la madrugada. Pero ocurrió. De repente, un día de primavera hace 66 millones de años, un escombro sobrante de la formación de nuestro Sistema solar golpeó con fuerza al planeta, en la península de Yucatán, México. Y desató el infierno en la Tierra.

Lo que en los años en los 80s fue una mera suposición hoy es la hipótesis más sólida -y con más evidencias acumuladas- que explica la extinción del 75 % de las especies vegetales y animales que por entonces vivían, incluidos todos los dinosaurios no avianos.

“Por lo que sabemos, la mayoría de los grandes dinosaurios, entre ellos el Tyrannosaurus rex y el Triceratops, murieron en las primeras 24 horas”, cuenta a SINC la periodista de ciencia estadounidense Riley Black, quien en su libro, Los últimos días de los dinosaurios: un asteroide, extinción y el comienzo de un nuevo mundo (publicado por Capitán Swing), explora como pocos autores han hecho los días, semanas, meses y años posteriores a la catástrofe global que podó prácticamente todas las ramas del árbol de la vida. “Si aquella roca sideral no se hubiera estrellado y sin la consiguiente destrucción que ocasionó -agrega-, no existiríamos”.

Solemos pensar en el asteroide que se estrelló con la Tierra hace 66 millones de años como el gran verdugo de los dinosaurios. Pero en tu libro argumentas que aquel día fue tan decisivo para nosotros, los seres humanos, como lo fue para los dinosaurios. ¿Deberíamos estar agradecidos de que esa catástrofe haya ocurrido?

Un extinción donde el 75 % de las especies desaparecen rápidamente no es un buen día para nadie. Pero sí, fue el día más trágico de la historia de la vida en la Tierra, al que siguieron decenas de miles de años de lucha por la supervivencia. La muerte de los dinosaurios solo fue la punta del iceberg ecológico. La extinción afectó a prácticamente la totalidad de los ecosistemas. Si los dinosaurios no avianos hubieran sobrevivido, yo no existiría ni podría contar sus historias.

Si los dinosaurios no avianos hubieran sobrevivido, yo no existiría ni podría contar sus historias

¿Qué distingue a esta extinción masiva de las cuatro grandes extinciones que la precedieron?

Desde la década de 1970, los paleontólogos han identificado cinco grandes extinciones masivas. La extinción causada por el asteroide al final del Cretácico fue la quinta. Las cuatro anteriores fueron todas provocadas por causas terrestres, como cambios en los niveles de oxígeno en los océanos. O erupciones volcánicas masivas que arrojaron tanto metano y dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero durante tanto tiempo que cambió el contenido de oxígeno en la atmósfera y se acidificaron los océanos.

La extinción del Cretácico no fue una extinción masiva que tuvo lugar durante cientos de miles de años o un millón de años. Esta gran extinción hace 66 millones de años sucedió porque un asteroide de 11 km de longitud golpeó el planeta en lo que ahora es la Península de Yucatán con una potencia explosiva 10.000 millones de veces superior a las bombas atómicas arrojadas al final de la Segunda Guerra Mundial.

La extinción del Cretácico no fue una extinción masiva que tuvo lugar durante cientos de miles de años o un millón de años

La destrucción ocurrió entre las primeras 24 horas y los siguientes tres años. Fue realmente un abrir y cerrar de ojos. Cambió fundamentalmente el planeta. Es triste que hayamos perdido a todos los dinosaurios no avianos. Y sin embargo, no hay juicio moral o de valor en ello. Es un recordatorio, creo, de que en nuestro planeta todavía somos parte de un sistema solar, de una galaxia, de un universo. Y este tipo de eventos inesperados pueden suceder.

Portada de 'Los últimos días de los dinosaurios'. / Editorial Capitán Swing

Portada de 'Los últimos días de los dinosaurios'. / Editorial Capitán Swing

Pero no fue un impacto de un asteroide cualquiera, ¿no?

Ha habido muchos impactos de asteroides en la Tierra. El cráter Popigai, en Siberia, data de hace 37 millones de años pero el asteroide que lo generó no causó una extinción masiva global. El asteroide que provocó el cráter de Chicxulub en la península de Yucatán, en cambio, golpeó con tanta fuerza y pulverizó tanta roca que todos esos pequeños trozos salieron disparados a la atmósfera y comenzaron a llover por todo el planeta. También elevó globalmente la temperatura del aire, lo suficiente para que los bosques se incendiaran espontáneamente. Y eso fue solo el primer día.

¿Y qué ocurrió después?

Durante los tres años siguientes al impacto hubo un invierno global. La luz solar no llegaba al planeta en cantidades adecuadas y la fotosíntesis cesó más o menos para la mayoría de la vida vegetal. En los océanos, el plancton fue menguado al recibir menos luz y se destruyeron los cimientos del ecosistema marino. Es decir, la extinción masiva no fue causada por un simple hecho aislado, como el impacto del asteroide, sino por cascadas de eventos que propició.

En los océanos, el plancton fue menguado al recibir menos luz y se destruyeron los cimientos del ecosistema marino

Entonces, ¿qué provocó que los grandes dinosaurios desaparecieran tan rápido?

La temperatura del aire aumentó muy por encima de lo que cualquier animal podría soportar. Fue el día más trágico de la historia del planeta. Los dinosaurios más pequeños, incluidos las aves, pudieron encontrar refugio bajo tierra. El suelo es un gran aislante. Pero incluso si algún gran dinosaurio hubiera podido sobrevivir, después hubo incendios, terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y el cielo se cubrió de hollín. Las aves sobrevivieron porque estaban adaptadas para comer semillas.

Después de la quinta extinción masiva, el mundo nunca volvió a ver animales tan grandes ni tan prolíficos como los dinosaurios no avianos. / Prehistoric Planet / Apple TV Press

Después de la quinta extinción masiva, el mundo nunca volvió a ver animales tan grandes ni tan prolíficos como los dinosaurios no avianos. / Prehistoric Planet / Apple TV Press

El día después

El libro es una carta de amor a los dinosaurios, pero también una oda a la resiliencia de la vida. ¿Por qué decidiste centrarte en el ocaso de estos “lagartos terribles”?

Como periodista de ciencias, durante años he estado escribiendo sobre la extinción que puso fin a la era de los dinosaurios. Me di cuenta de que había nuevos hallazgos fantásticos sobre lo que sucedió inmediatamente después, en el millón de años posterior. Suele hablarse con ligereza de este evento llamado “extinción masiva del Cretácico-Paleógeno (K–Pg)” como el fin de nuestros dinosaurios favoritos y el comienzo de la era de los mamíferos, pero rara vez se menciona el período que siguió a esa catástrofe, el Paleoceno, o cómo la vida logró recuperarse.

Queremos ver a estos animales vivos, imaginarlos respirando, caminando

En tu libro combinas evidencia científica con conjeturas inferidas a partir de hipótesis, así como con tu historia personal. ¿Cómo decidiste narrar lo ocurrido desde el punto de vista de los dinosaurios y de los restos de los organismos que padecieron los efectos de la catástrofe?

Fue un riesgo. Me puse en contacto con lo que pensaba sobre los dinosaurios cuando era niña, o la razón por la que muchos de nosotros vamos a ver casi todos los veranos una nueva película de la saga Jurassic World: porque queremos ver a estos animales vivos, imaginarlos respirando, caminando. Gracias a las más recientes investigaciones, cada vez sabemos más sobre cómo sonaban, cómo se comportaban, de qué colores habrían sido algunos de ellos. En lugar de citar las palabras de científicos, quería hablarles directamente a los lectores que aman a estos animales tanto como yo.

Hoy hasta los niños saben del impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios. Sin embargo, se trata de una hipótesis relativamente reciente: fue propuesta por Luis Álvarez y Walter Álvarez en la década de 1980 y se consolidó con el descubrimiento del cráter de 200 kilómetros de ancho en la península de Yucatán, en 1991. A lo largo del tiempo se formularon numerosas explicaciones para la desaparición de los dinosaurios. ¿Cuál fue la que más te sorprendió?

Hasta los 80s nadie sabía realmente qué había pasado con los dinosaurios, nadie estaba seguro. Los entomólogos George y Roberta Poinar sugirieron que las orugas primitivas eran tan voraces que acabaron con la vegetación y los dinosaurios herbívoros se quedaron sin alimento que comer. Todo el mundo tenía su propia teoría preferida.

A comienzos del siglo XX, muchos paleontólogos abordaban la extinción de los dinosaurios como si ni siquiera fuera un problema digno de investigación:

A comienzos del siglo XX, muchos paleontólogos abordaban la extinción de los dinosaurios como si ni siquiera fuera un problema digno de investigación: los consideraban grandes, extraños y carentes de interés, y asumían que los mamíferos eran, en algún sentido, superiores.

La mayoría de los animales grandes, como los dinosaurios y pterosaurios, murieron un día después del impacto del asteroide, hace 66 millones de años. / Apple TV Press

La mayoría de los animales grandes, como los dinosaurios y pterosaurios, murieron un día después del impacto del asteroide, hace 66 millones de años. / Apple TV Press

¿Cuáles son los principales misterios o enigmas sin resolver sobre este evento?

Creo que el mayor enigma es cómo se desarrolló esta extinción masiva en otras regiones del mundo, más allá del oeste de América del Norte. Gran parte de lo que sabemos proviene, en realidad, de un área relativamente acotada donde se conservan rocas del final del Cretácico y del inicio del Paleógeno, en estados como Montana, Colorado y Dakota, en Estados Unidos. Recién ahora comenzamos a vislumbrar qué ocurrió en América del Sur y en otros puntos del planeta. Sabemos que se trató de un evento global y podemos estar razonablemente seguros de que la historia fue, en términos generales, similar en todo el mundo.

Las heridas de una catástrofe

¿Crees que hay algo que aprender de este evento de extinción masiva en relación con la actual emergencia climática?

Es una advertencia sobre la fragilidad de la vida y un recordatorio de que eventualmente todo, tarde o temprano, se extingue. Pero la gran extinción también habla de la extraordinaria resiliencia de la vida: los sobrevivientes sentaron las bases no solo de nuestra propia ascendencia, sino del mundo que hoy nos rodea. Ese 25 % de las especies que logró persistir comenzó a evolucionar y a transformarse de maneras nuevas e inesperadas.

La extinción no es un evento ni triste ni feliz; es parte del funcionamiento de la vida y de la evolución

La extinción no es un evento ni triste ni feliz; es parte del funcionamiento de la vida y de la evolución. Revela cuán adaptable y flexible puede ser la vida: incluso en el peor de los escenarios, algo consiguió sobrevivir y seguir adelante. En el convulsionado siglo XXI, esta idea resonó profundamente en mí. En tiempos en los que es fácil sentirse impotente, resulta importante conservar alguna forma de esperanza.

El libro también es muy personal. ¿Cómo se relaciona con tu historia de vida?

Cuando terminé mi libro anterior, mi matrimonio de trece años llegó a su fin. Tras el divorcio, salí del armario como persona transgénero y comencé mi transición. En gran medida, fue la sensación de que el mundo que conocía se había derrumbado de manera repentina; lo viví como una destrucción.

Perder una relación es devastador y, además, yo no estaba siendo quien realmente era. Aun así, mantenía una profunda esperanza en el futuro: en cómo podría cambiar y en quién podría llegar a convertirme. Creo que eso explica por qué me sentí atraída por esta historia. Para mí fue un recordatorio de que la pérdida no es necesariamente el punto final. Está presente y es significativa, pero después de ella todavía hay mucho que puede crecer.

¿Por qué amamos tanto a los dinosaurios?

Es una pregunta constante. Hay muchos otros organismos prehistóricos maravillosos. No lloramos por los trilobites que desaparecieron al final del Pérmico ni por los peces sin mandíbulas que prácticamente fueron exterminados en el Devónico. A veces desearía que recibieran un poco más de atención. La respuesta estándar es que nos fascinan los dinosaurios porque son grandes y feroces pero no les tememos porque se extinguieron.

Los dinosaurios fueron animales reales sobre los que hemos desarrollado una mitología

Además, el acto de imaginar a un dinosaurio equivale a dar vida a los muertos. Recuerdo que cuando era niña los observaba con fascinación e intentaba imaginar cómo se habrían visto. No tuve una infancia particularmente segura. Aún así, los dinosaurios eran mis amigos, mis protectores.

Más allá de eso, los dinosaurios fueron animales reales sobre los que hemos desarrollado una mitología. Hemos entablado una conexión casi íntima. Pueden ser seres multifacéticos: nuestros amigos, objetos de investigación científica, monstruos aterradores y, como nosotros, organismos producto de una sucesión de circunstancias fortuitas y casuales.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
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