Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que presenta las conclusiones preliminares de la Declaración sobre el estado del clima mundial en 2011, la década de 2001 a 2010 ha sido la más cálida jamás registrada en todos los continentes. El ritmo del aumento de la temperatura ha sido “constante” desde 1971.
Investigadores estadounidenses han planteado una nueva teoría de desplazamiento de los continentes que ubica el centro de un futuro supercontinente, denominado Amasia, en un lugar cercano al Polo Norte. Según esta hipótesis, el océano Ártico y el mar Caribe desaparecerán, la separación entre América del Norte y del Sur dejará de existir y se unirán por su zona norte a Asia y Europa.
Durante los últimos 15 años se ha ido formando un abombamiento en la superficie del océano Ártico debido a la acumulación de grandes cantidades de agua dulce. Así lo recoge un estudio realizado por investigadores británicos con datos facilitados por los satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA). Si la dirección del viento cambiara, el agua dulce podría dirigirse al océano Atlántico, cambiar las corrientes y enfriar Europa.
La cubierta de hielo marino en el Ártico ha disminuido durante los meses de verano, según los datos registrados por el satélite europeo Envisat de la Agencia Espacial Europea (ESA). Este deshielo ha provocado que dos grandes rutas de navegación en el Océano Ártico, la del Pasaje del Noroeste de Canadá y la ruta del Mar del Norte de Rusia, se abran simultáneamente.
Disminuye la cubierta de hielo marino en el Ártico. Imagen: ESA.
El cambio climático y el consecuente deshielo del Ártico han provocado que una especie de plancton llamada Neodenticula seminae reaparezca en el Atlántico Norte, donde se extinguió hace 800.000 años. La disminución del hielo polar ha permitido abrir un corredor noroeste desde el Pacífico, a través del Polo Norte, hasta el Atlántico.
Un estudio sobre la gaviota tridáctila (Rissa tridactyla) en el Ártico revela por primera vez los movimientos migratorios de esta especie y analiza su capacidad de respuesta a los cambios ambientales. Esta ave es una de las especies marinas más emblemáticas de las latitudes árticas y todo apunta a que el aumento de las temperaturas en el polo norte durante las próximas décadas tendrá un grave impacto sobre su población.
Durante el pasado marzo el nivel de ozono sobre el sector Euro-Atlántico del hemisferio norte, especialmente sobre el Ártico, ha registrado un mínimo histórico, según ha detectado el satélite Envisat de la Agencia Espacial Europea (ESA). Los fuertes vientos del ‘vórtice polar’, que han aislado la masa atmosférica sobre el polo, están detrás de este fenómeno.
El miedo a la inestabilidad en el precio del petróleo reabre de forma constante la posibilidad de explotar los ricos recursos de hidrocarburos del Ártico. La región se enfrenta a su propia paradoja: el deshielo producido por el cambio climático acrecienta la posibilidad de que se acceda a un petróleo antes remoto. Su explotación también agravará los efectos del calentamiento.