Las últimas teorías descartaron un impacto terrestre, pero concluyeron que existía un 4 % de probabilidades de chocar con la Luna. Ahora, este riesgo queda completamente eliminado, según nuevas observaciones realizadas con el telescopio espacial James Web.
Cosechar alimentos en la Luna es uno de los grandes retos de la exploración espacial. Un nuevo estudio demuestra que esta legumbre puede crecer y producir semillas en mezclas con regolito lunar artificial cuando se añaden materia orgánica y hongos beneficiosos. El hallazgo abre nuevas vías para desarrollar sistemas agrícolas en futuras bases lunares.
Fue descubierto el 27 de diciembre de 2024 gracias al telescopio del Sistema de Alerta de Impactos Terrestres de Asteroides en Chile y mide entre 53 y 67 metros de diámetro. Las últimas observaciones, confirmadas por la ESA el 5 de marzo 2026, revelan que no impactará contra el satélite.
El lanzamiento estaba previsto inicialmente para el próximo fin de semana, pero los resultados del ensayo técnico han llevado a la agencia espacial estadounidense a retrasar la misión y situar marzo como la primera ventana posible para el despegue.
A través de este programa, la NASA enviará cuatro astronautas a explorar la Luna a bordo de la nave espacial Orión con el objetivo de llevar a cabo descubrimientos científicos y sentar las bases para las primeras expediciones tripuladas a Marte. La misión tendrá una duración aproximada de 10 días y despegará desde Florida, en Estados Unidos.
El análisis isotópico de muestras recogidas en la cuenca Aitken revela diferencias químicas entre las dos caras del satélite. El hallazgo apunta a un impacto colosal como origen de su evolución interna.
Un análisis de isótopos de rocas lunares y terrestres, publicado en Science, revela que el hipotético planeta que chocó contra la Tierra y dio lugar a nuestro satélite hace 4 500 millones de años viene de más cerca del Sol de lo esperado.
Un estudio químico de rocas de ambas caras del satélite muestra que la lava de la que proceden se solidificó a diferentes temperaturas. Los investigadores creen que podría deberse a la menor concentración de elementos radiactivos en la cara oculta, que generan calor al desintegrarse.
Esta misión de la NASA, que podría partir en febrero del 2026, será clave para preparar el regreso del ser humano a la superficie lunar. Los astronautas ya han completado la fase crítica de entrenamiento y se disponen a validar tecnologías esenciales para futuras expediciones.
Las observaciones de este satélite han revelado que existe una diferencia significativa entre sus dos caras. No obstante, un nuevo estudio que analiza muestras lunares procedentes de la cuenca del Polo Sur Aitken señala que comparten características isotópicas y geoquímicas.