Desde 1986, los nipones tienen la esperanza de vida más alta del mundo: sus bebés vivirán una media de 86 años. El primer estudio de la serie sobre el país insular, publicado esta semana en la revista The Lancet, trata las razones de este éxito y las presiones derivadas de una población que envejece rápidamente.
Un estudio internacional, publicado en la revista The Lancet, revela que las personas sin techo tienen una esperanza de vida menor que la población general y un índice de mortalidad seis veces superior. El análisis, realizado a partir de datos extraídos del registro nacional de personas sin hogar de Dinamarca, asocia el aumento del número de muertes a los desórdenes psiquiátricos.
Aunque en el mundo se suicidan miles de personas al año, investigadores y médicos carecen de un método para evaluar la probabilidad de planteamiento o intento de suicidio. Un grupo internacional de científicos, en el que participa el Instituto de Investigación Hospital del Mar (IMIM), ha creado el primer índice de riesgo para prevenirlos.
La ideación suicida y la depresión, que hasta ahora se habían asociado con los tratamientos para el acné, podrían ser las consecuencias psicológicas de la presencia de esta enfermedad de la piel, no de los efectos de la medicación. Así lo indica una nueva investigación, realizada en Noruega, que supondrá la revisión del tratamiento y de los cuidados de los adolescentes con acné.
Tres genes apenas estudiados hasta ahora aportan nuevos conocimientos sobre los pacientes con antecedentes suicidas. Así lo indica un equipo del Hospital Monte Sinaí y la Universidad de Columbia de Nueva York (EE UU), formado por investigadores españoles, que ha encontrado varias mutaciones implicadas. El hallazgo podría generar en el futuro tests genéticos para identificar la predisposición al suicidio, sin olvidar los factores sociales y culturales.
La iniciativa “Siempre hay esperanza” trata de evitar los suicidios en el puente Golden Gate de San Francisco (EE UU).