Un estudio con más de 3 800 adultos mayores en EE UU sugiere que la inmunización no solo previene la enfermedad, sino que reduce la inflamación crónica y ralentiza los relojes moleculares del organismo. En la actualidad, el calendario común de vacunación en España establece la inmunización para las personas que cumplen 65 años.
Científicos de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California (EE UU) han hallado una correlación significativa entre la vacunación contra el herpes zóster y la ralentización del envejecimiento biológico. Según la investigación, los adultos de 70 años o más que recibieron esta vacuna presentan niveles de inflamación más bajos y perfiles genéticos más ‘jóvenes’ en comparación con las personas no vacunadas.
El herpes zóster, causado por la reactivación del virus de la varicela-zóster, es conocido por provocar erupciones cutáneas dolorosas y complicaciones a largo plazo como la neuralgia postherpética. Sin embargo, este nuevo estudio, publicado en la revista Journals of Gerontology, sugiere que los beneficios de la inmunización podrían ir mucho más allá de evitar la infección aguda.
En España, la estrategia de vacunación ha evolucionado notablemente en los últimos años. Según recoge la revista Atención Primaria, tras años de uso limitado a grupos de riesgo, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó en 2021 la incorporación de la vacuna recombinante frente al herpes zóster de forma sistemática.
Actualmente, el calendario común de vacunación para toda la vida en España establece la inmunización para la cohorte de personas que cumplen 65 años. Además, el sistema de salud realiza una captación activa para vacunar progresivamente a los grupos de mayor edad, comenzando por los 80 años y descendiendo hasta los 65, con el fin de reducir la alta carga de hospitalizaciones que, en nuestro país, se concentran especialmente en mayores de 60 años (63,1 % de los casos ingresados).
A diferencia de la edad cronológica, la edad biológica refleja el estado real de los órganos y sistemas. "Dos personas de 65 años pueden ser muy diferentes por dentro: una puede tener un perfil biológico más joven, mientras que otra muestra signos de envejecimiento prematuro", explican las autoras.
Para medir este fenómeno, el equipo analizó datos de 3 800 participantes evaluando siete indicadores clave, incluyendo la inflamación crónica, la neurodegeneración y el envejecimiento epigenético y transcriptómico (cambios en cómo se activan los genes y se producen las proteínas). Incluso tras controlar variables sociodemográficas, los vacunados mostraron puntuaciones de envejecimiento biológico compuesto significativamente más bajas.

“Al ayudar a reducir esta inflamación de fondo —posiblemente al evitar que el virus latente se reactive—, la vacuna podría estar apoyando un envejecimiento más saludable”

Uno de los hallazgos más relevantes es la reducción de la inflamación sistémica de bajo nivel, un fenómeno conocido como inflammaging. Esta inflamación es un factor crítico en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, fragilidad y deterioro cognitivo.
“Al ayudar a reducir esta inflamación de fondo —posiblemente al evitar que el virus latente se reactive—, la vacuna podría estar apoyando un envejecimiento más saludable”, señala Jung Ki Kim, investigadora principal del estudio. El equipo destaca que estos beneficios parecen ser persistentes: aquellos participantes que se habían vacunado cuatro o más años antes seguían mostrando un envejecimiento biológico más lento.
Este estudio refuerza la idea de que las vacunas en la edad adulta no son solo una herramienta de prevención de enfermedades infecciosas, sino una estrategia integral para promover la resiliencia y la salud a largo plazo en la población mayor.
Referencia:
Kim, J. K. et al., "Association between shingles vaccination and slower biological aging: Evidence from a U.S. population-based cohort study", Journals of Gerontology, Series A: Biological Sciences and Medical Sciences, 2025.