Las condiciones climáticas pueden favorecer que este virus llegue a zonas templadas del hemisferio norte, donde hasta ahora no circula de forma habitual. El aumento de temperaturas está ampliando las áreas favorables para los mosquitos que lo transmiten, aunque factores socioeconómicos y la capacidad de los sistemas sanitarios también condicionan su dispersión.
La especie, estudiada desde hace décadas, emite un resplandor turquesa en la parte ventral y en los laterales, coincidiendo con la distribución de sus glándulas cutáneas y de sus secreciones venenosas. Los compuestos fluorescentes también están presentes en la sangre, un rasgo poco habitual que hasta ahora solo se había descrito en determinadas especies de ranas.