Poblaciones con distintos modos de subsistencia, como los cazadores‑recolectores y los agricultores, utilizan lenguajes diferentes para describir los aromas. Las más dependientes de la agricultura también acumulan más cambios en sus genes olfativos.
Algunas poblaciones humanas usaban restos de animales para crear utensilios duraderos, como martillos blandos y yunques, durante el Paleolítico Medio en Europa Occidental. Un nuevo estudio sugiere que dichos elementos pudieron formar parte del conjunto de herramientas y participar en el desarrollo tecnológico de estos seres primitivos.