Esta partícula invisible, de un tamaño similar al de un gran vehículo, es una de las más potentes que se ha descubierto. Un estudio localiza su origen en sistemas galácticos con agujeros negros masivos capaces de dirigir chorros de energía hacia la Tierra.
Un estudio del CSIC revela que el impacto del frío en la mortalidad se ha reducido drásticamente desde el siglo XIX, mientras que el riesgo asociado al calor extremo se ha mantenido estable.