Los predecesores de los seres humanos modernos coleccionaban cristales sin ningún uso aparente. Un estudio con chimpancés mostró que estos animales se sienten atraídos por su transparencia y forma, lo que revela que esta fascinación tiene raíces evolutivas.
Un equipo científico de España y Canadá ha demostrado que ciertos microorganismos presentes en la boca influyen en la respuesta del sistema inmunitario frente a este alimento. Los resultados revelan nuevas vías de prevención centradas en el equilibrio de la microbiota.