La población joven tiene los peores indicadores de alimentación saludable, según un nuevo estudio. La tendencia se asocia a factores como la situación laboral, una cultura alimentaria más débil y la influencia de nuevos entornos de consumo.
Un análisis de más de 3 000 relatos oníricos muestra que lo que soñamos está lejos de ser caótico: el cerebro no se limita a reproducir lo vivido durante el día, sino que lo reorganiza en escenarios nuevos, más vívidos y a menudo sorprendentes, influidos también por acontecimientos colectivos como la pandemia.