Un patrón inesperado en los cromosomas, fruto de la interacción entre telómeros y centrómeros, permite identificar tumores y seguir su evolución. Estas alteraciones no son solo errores, sino mecanismos que los propios cánceres utilizan para sostener su crecimiento sin límites.
Un estudio internacional revela que ciertas abejas obreras jóvenes fabrican celdas reales con propiedades físico‑químicas únicas que crean un entorno bioquímico decisivo para las larvas. El hallazgo replantea cómo se forma una reina en las colmenas.