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La mujer más anciana del mundo tenía un cerebro normal

Investigadores del Centro Médico Universitario de Groningen (Holanda) han estudiado el caso de una mujer de 115 años de edad que conservó una perfecta salud mental durante toda su vida sin signos, o signos mínimos, de enfermedad de Alzheimer. El trabajo muestra que la mujer tenía un cerebro esencialmente normal. Las conclusiones del estudio han aparecido publicadas online en la revista Neurobiology of Aging.

Imagen: Gaetan Lee.

Los hallazgos de esta investigación cuestionan que la enfermedad de Alzheimer u otras formas de demencia se desarrollan inevitablemente si una persona vive el tiempo suficiente. "Los límites de la función cognitiva humana podrían ampliarse y las mejoras conseguidas en la prevención de los trastornos cerebrales del envejecimiento proporcionarían beneficios sustanciales a largo plazo", explica Gert Holstege, investigador del Centro Médico Universitario de Groningen (Holanda).

Holstege y sus colaboradores han analizado la función mental de uno de los seres humanos más longevos del mundo, comparando después sus hallazgos con el estado del cerebro del sujeto después de su muerte. A la edad de 111 años, esta mujer se puso en contacto con los investigadores para preguntar si su cuerpo todavía era útil para fines de investigación o académicos. Al contrario de lo que ella creía, los científicos estaban especialmente interesados debido a su edad.

Los investigadores observaron que la paciente era una "mujer activa y decidida, con un gran interés por el mundo que la rodeaba, incluida la política internacional y el deporte". La mujer había vivido de manera independiente hasta que ingresó en una residencia de ancianos con 105 años, debido, principalmente, a problemas de vista.

El deterioro del cerebro no es inevitable

Se realizaron una serie de exploraciones neurológicas y psicológicas cuando la paciente cumplió los 112 y 113 años. Irónicamente, la mujer comentó que había sido muy pequeña al nacer, por lo que no se esperaba que sobreviviese. Los resultados fueron básicamente normales, sin signos de demencia ni problemas de memoria o de atención. En general, su función mental estaba por encima del promedio de los adultos con una edad de 60 a 75 años.

Su cuerpo fue donado a la ciencia cuando murió a la edad de 115 años. En ese momento, era la mujer más anciana del mundo. La anatomía patológica realizada tras su muerte apenas reveló signos de aterosclerosis (estrechamiento de las arterias) en ninguna parte de su cuerpo. El cerebro también mostraba muy pocas anomalías, el número de neuronas era similar al esperado en una persona sana de entre 60 y 80 años de edad.

Un descubrimiento clave fue la ausencia de las anomalías cerebrales típicas de la enfermedad de Alzheimer. Apenas se observaban depósitos de una sustancia denominada beta-amiloide, sustancia característica en pacientes con esta enfermedad. Las otras anomalías presentes, incluidos los "ovillos neurofibrilares", eran muy livianos, muy poco desarrollados para causar una alteración mental importante.

Estudios previos descubrieron, como mínimo, anomalías leves en los cerebros de prácticamente todas las personas ancianas "cognitivamente normales". Por ello, este caso arroja nuevos datos sobre el potencial de conservación de la función cerebral en pacientes muy ancianos. Dado que el número de personas que viven 100 o más años sigue aumentando, los hallazgos de esta investigación, publicada online en la revista Neurobiology of Aging, sugieren que el deterioro del cerebro no es inevitable.

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Referencia bibliográfica:
Wilfred F.A. den Dunnenaemail, Wiebo H. Brouwerbemail, Eveline Bijlardd, Jeanine Kamphuisd, Klaas van Linschotenc, Ellie Eggens-Meijerc, Gert Holsteged. “No disease in the brain of a 115-year-old woman”. Neurobiology of Aging AGO 2008

Fuente: Elsevier
Derechos: Creative Commons
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