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Salud pública
OPINIÓN

Vivir en alerta, con preguntas y sin respuestas

Hemos convivido durante semanas con estados binarios superpuestos. ¿Crónica alarmista o informativa? Saludo sin beso, ¿es precaución o exageración? Hasta ahora la incertidumbre del COVID-19 se toreaba con acusaciones ─¡exagerado! ¡irresponsable! ─. Ahora toma las riendas la declaración del estado de alarma, cual intento de intercepción de una conexión cuántica.

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Parque sí, o parque no (los columpios no, pero ¿los jardines?). Y, si parque sí, ¿podremos compartir banco? Hace solo unas horas esos eran los temas estrella de un chat de grupo en Madrid.

En otro, más dudas: ¿Soy una irresponsable por visitar a mi madre nonagenaria? ¿Por darle un beso, si no tengo síntomas? Alguien invocaba a Fernando Simón. Pero sus indicaciones ─las de todas las autoridades─ no siempre aclaran todo. No siempre hay respuesta para todo.

No hay respuesta sobre cómo espantar escenarios mentales en que la pandemia se prolonga y muchos, por la enfermedad o sus consecuencias, lo pasan mal

No la hay sobre cómo asistir a una reunión de trabajo con la plana mayor de la empresa mientras un tresañero tira de la manga pidiendo agua o cosas peores. No la hay sobre cómo, además de producir algo monetarizable teletrabajando, hay que cuidar física y mentalmente a otros, sin perder paciencia, modales ni humor.

No hay respuesta sobre cómo espantar escenarios mentales en que la pandemia se prolonga y muchos, por la enfermedad o sus consecuencias ─teletrabajar no deja de ser un lujo─, lo pasan mal.

Pautas y actitudes ante la incertidumbre

Hay indicaciones. Por ejemplo, la OMS aconseja cuidar la propia salud mental reduciendo la exposición a “noticias que causen ansiedad o angustia”, buscar información principalmente para tomar medidas de protección ─siempre de fuentes fiables─ y mantener en lo posible las rutinas personales.

El Colegio de Psicólogos de Madrid también anima a tener una actitud optimista y objetiva (entre otras medidas). Sobre el parque: no es necesario que los niños estén todo el tiempo en casa, pero no deben ir a la zona de columpios (muchas de ellas ya se han cerrado), jugar muy estrechamente o compartir juguetes.

Aunque eso, por supuesto, puede cambiar. Rápidamente. Otra duda en el chat era: “quedar en la terraza sí, o no”. Y esta acaba de resolverse durante la tarde del 13 de marzo: bares cerrados en Madrid desde el sábado.

Demos medios a los científicos y dejémosles trabajar; así será más probable obtener respuestas

Vivimos así un cierto colapso de los estados binarios superpuestos con que hemos convivido estas semanas. ¿Crónica alarmista o informativa? Saludo sin beso, ¿es precaución o exageración?

Hasta ahora la incertidumbre se toreaba con acusaciones mutuas ─¡alarmista! ¡irresponsable! ─. Ahora toma las riendas la declaración del estado de alarma, cual intento de intercepción de una conexión cuántica.

Aun así quedan preguntas que no dependen de políticos ─o no tan directamente─. ¿Cuál es el origen natural de este virus? ¿Cuán probable es el contagio asintomático? ¿Por qué en los niños no es grave la enfermedad? Y, sobre todo, ¿cuándo habrá fármacos y vacunas? Demos medios a los científicos y dejémosles trabajar; así será más probable obtener respuestas.

Mientras llegan, quedan las decisiones personales. La madre de mi amiga tiene noventa años y vive sola; mi amiga ─sin síntomas y tras un exhaustivo lavado de manos y cara─ no quiere renunciar a achucharla.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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