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Cervantes, caso abierto

Hace una semana se inauguró el monumento funerario a Miguel de Cervantes en el convento de Las Trinitarias de Madrid, pero ¿realmente guarda los restos del autor de El Quijote? Los historiadores y científicos que los han analizado están prácticamente seguros de que sí, aunque si se pudiera realizar un cotejo con el ADN de algún familiar se podría aclarar el misterio. Los huesos de la abuela, los bisabuelos y tatarabuelos maternos del escritor, todos de familia adinerada y enterrados en la iglesia de Arganda del Rey, podrían tener la llave.

Enrique Sacristán
19/6/2015 14:10 CEST

Las tres urnas que se guardan ahora detrás del monumento funerario dedicado a Cervantes en el convento de las Trinitarias, donde se supone que se encuentran los restos del escritor, su mujer y una quincena de personas. / Ayuntamiento de Madrid

El pasado 11 de junio el Ayuntamiento de Madrid inauguró en el convento de Las Trinitarias un monumento conmemorativo a Cervantes con los restos de una quincena de individuos hallados bajo la cripta, y guardados ahora en tres urnas. Entre ellos figura el famoso escritor y su mujer Catalina de Salazar, según sugiere el estudio que ha realizado un equipo de historiadores y científicos encabezado por el antropólogo forense Francisco Etxeberría.

El experto ha insistido varias veces en que los resultados suponen “una suma de coincidencias y ninguna discrepancia” respecto a toda la información histórica, arqueológica y antropológica del caso. En concreto, han aparecido una moneda y tejidos litúrgicos de la época de Cervantes junto a los restos mezclados de un mínimo de 15 individuos (cinco niños, dos mujeres, cuatro varones y otros cuatro indeterminados), una cifra similar a los 17 cuerpos que se sabe fueron trasladados en 1697 a la cripta y entre los que figuraba el autor de El Quijote.

Entre los restos de cuatro varones y otros fragmentos óseos algún día se podría identificar a Cervantes

Pero entre los restos de los cuatro varones y otros fragmentos óseos no se ha podido identificar a Cervantes. Un motivo importante es que no se ha localizado su esqueleto completo, con sus seis dientes en la mandíbula y la patología del brazo izquierdo y otras heridas de guerra que los investigadores esperaban encontrar. “No hemos llegado a ese último escalón, que yo comprendo que sería maravilloso, de individualizar a Cervantes entre los restos encontrados”, ha reconocido Etxeberría.

Ante esta situación, un cotejo genético con el ADN de algún familiar del genio de la literatura podría ayudar a resolver el problema, pero durante la presentación mundial de la investigación el pasado marzo, sus autores descartaron rotundos esta posibilidad: “Su hermana monja, Luisa de Belén Cervantes, está enterrada en un convento de Alcalá de Henares, pero sus restos yacen en un osario común y no es posible su análisis”.

Pero en aquel momento nadie mencionó que en la iglesia de San Juan Bautista del municipio madrileño de Arganda del Rey “reposan los restos mortales de los abuelos, bisabuelos y tatarabuelos maternos del inmortal autor de El Quijote”. Así lo señala la placa colocada en una pared del templo próxima a la sacristía.

Una placa en el interior de la iglesia de Arganda del Rey recuerda que en ella están enterrados sus antepasados maternos. / SINC

Aunque Miguel de Cervantes adoptara Saavedra como segundo apellido, en realidad este no corresponde al de su madre, que se llamaba Leonor de Cortinas. Ella, junto a su progenitora Elvira de Cortinas –abuela del escritor– y otros parientes que menciona la placa, pertenecían a una familia adinerada de Arganda, que poseían una casona en la calle principal de la villa y tierras de labor en el municipio.

“Que la abuela de Cervantes fue enterrada en Arganda se sabía, y es tanto como saber dónde fueron enterrados algunos de mis antepasados, obviamente en el suelo de la iglesia parroquial de mi pueblo”, dice Etxeberría. “Pero no se sabe ni queda rastro alguno de ellos, mezclados en el osario general como consecuencia de las reutilizaciones”.

Los Cortinas se enterraban en el sitio de más privilegio de la iglesia, el del altar mayor del lado del evangelio

En principio, con los datos que le han facilitado hasta ahora al antropólogo forense, “carece de recorrido afrontar un cotejo genético a la abuela del escritor”, y añade: “Al igual que en el caso de su hermana en Alcalá, no es posible encontrar los restos de los familiares una vez hemos sabido la realidad de las inhumaciones. En ambos casos los restos se encuentran en osarios, es decir, mezclados con miles de restos”.

Pero según la historiadora Raquel Novero, técnico de Patrimonio Cultural en el Archivo de la Ciudad de Arganda del Rey, hay un dato que no conviene olvidar: los Cortinas no eran una familia cualquiera en Arganda y no se enterraban donde la mayoría de los vecinos.

“En el caso de la parroquia de Arganda –explica–, a diferencia de otras iglesias y recintos eclesiásticos de Madrid donde el entierro era exclusivamente en el interior de las iglesias, y por lo tanto, había grandes osarios; aquí, en cambio, existía un cementerio exterior anexo a los muros de la iglesia donde se enterraban los vecinos de la villa, salvo casos particulares de vecinos acaudalados que pagaban el enterramiento en el interior, como los Cortinas".

El bisabuelo Diego Sánchez de Cortinas, el 'alcaide'

Por ejemplo, en la documentación sobre las ‘cuentas de fábrica’ de 1521 consta que la sepultura del bisabuelo de Cervantes, Diego Sánchez de Cortinas, fue la más cara de las que había hasta entonces en la iglesia (costo 1.125 maravedís). Este personaje fue conocido como ‘el alcaide’, por serlo de la fortaleza de Maqueda, en Toledo, y trató con familias aristocráticas como los Carrillo y los Pacheco (populares ahora por la serie Isabel de TVE).

Según las obras de cervantistas como Luis Astrana Marín, otros antepasados de Cervantes, como su tatarabuelo Gonzalo de Cortinas, o parientes como Juan de Cortinas, Francisca de Cortinas y Beatriz de Cortinas, también fueron sepultados en la iglesia de Arganda, a la que ayudaban constantemente al sostenimiento y esplendor del culto.

“Tenemos constancia de que la sepultura de los Cortinas se encontraba en el sitio de más privilegio, el del altar mayor del lado del evangelio”, apunta Novero, que aclara: “En la actualidad, la cabecera de la antigua iglesia que había en el siglo XVI coincidiría con la sacristía del templo nuevo –construido entre 1690 y 1715–, y sería en este lugar donde habría que buscar los restos de los Cortinas".

Además, según la historiadora, “no hay noticia de traslado de restos, quizás porque como la parte del altar mayor de la antigua iglesia quedó integrada en la sacristía de la nueva, no fue necesario”, e insiste: "Es un error pensar que ahí hubiera un gran osario, puesto que el enterramiento de los habitantes de Arganda se hacía en el cementerio exterior".

Bajo la iglesia de San Juan Bautista fueron sepultados los Cortinas, la familia acaudalada de Arganda del Rey de la que procedía Cervantes. / SINC

De confirmarse toda esta información, y completarse con los datos que todavía quedan por investigar en los archivos parroquiales y civiles, se podría valorar la búsqueda de los huesos de algún antepasado de Cervantes en Arganda. De esta forma se podría obtener su ADN mitocondrial y cotejarlo con el de los fragmentos más grandes –una mandíbula, por ejemplo– que se guardan detrás del monumento funerario de las Trinitarias.

De todas formas, aunque algún día se pudiera hacer, Etxeberría recuerda que este tipo de ADN no vale para confirmar identidades: “Sirve para establecer coincidencias en el linaje materno. Esto sería de gran ayuda si existiera una coincidencia, pero esta coincidencia se sumaría a las que hemos analizado en la perspectiva histórica, arqueológica y antropológica. Mi frase ‘existen coincidencias y no hay discrepancias’ seguiría sirviendo, como lo manifestamos en el informe de 477 páginas que hemos realizado”.

El ADN mitocondrial podría servir para cotejar los restos de Cervantes y sus parientes, como se hizo con Colón y su hermano

Una identificación de Cervantes al cien por cien parece prácticamente imposible, pero un cotejo genético exitoso supondría un avance esencial en el caso, como ha ocurrido en el de otros personajes famosos, como Cristóbal Colón. El ADN mitocondrial ha servido para establecer la relación entre los restos de Colón en la catedral de Sevilla y los de su hermano Diego enterrado en la fábrica de Cartuja-Pickmann –también en Sevilla–, ajustándose a la hipótesis de que ambos eran hijos de la misma madre.

El director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada que dirigió la investigación, José A. Lorente, explica que el ADN mitocondrial es muy diferente del genómico en sus aplicaciones forenses por dos razones. “Primero porque en cada célula hay decenas y hasta miles de copias de ADN mitocondrial y pasados muchos años es más probable encontrar alguna, frente a sólo una copia de ADN nuclear (cromosomas). Además, el mitocondrial es muy pequeño (tiene 16.569 pares de bases o unidades) y es circular, lo que le hace resistir mucho mejor el paso del tiempo: se degrada con mayor dificultad que el nuclear. Luego la técnica es por medio de la secuenciación de regiones hipervariables”.

El experto comenta que si se aplica alguna vez este método al caso de Cervantes “debe tratarse de parientes por vía materna (el ADN mitocondrial se hereda a través de la madre) y los huesos deben de ser examinados por antropólogos y especialistas en genética forense para que tengan al menos una mínima calidad y probabilidades de rendir resultados”.

Trámites largos y necesidad

Para buscar los restos del autor de El Quijote en las Trinitarias hubo que gestionar los lentos trámites burocráticos con las autoridades municipales, eclesiásticas y de la Comunidad de Madrid, para que dieran los permisos necesarios para usar el georradar y efectuar las exhumaciones. Si algún día se decide buscar a los familiares de Cervantes bajo la iglesia de Arganda habría que comenzar todo el proceso. “Yo me iría de vacaciones”, bromea el párroco Antonio Herrera.

En el fondo, la necesidad de llegar a ese ‘último escalón’ de la identificación de Cervantes es cuestionable, aunque detrás esté la curiosidad innata del ser humano y el deseo de rendir homenaje a un genio de la literatura, sin contar con su opinión. Quizá, como comentó durante la inauguración de su monumento funerario el director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, “uno de los mejores modos de mantener la memoria viva de los escritores es promoviendo la lectura de sus obras”.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons