El aumento sostenido de tumores cutáneos, la consolidación de terapias altamente eficaces y la irrupción de la inteligencia artificial están transformando la práctica oncológica. La prioridad ya no se limita a tratar el cáncer de piel, sino a identificarlo en fases más tempranas, optimizar la toma de decisiones clínicas y sostener un sistema sanitario cada vez más tensionado.
Cada vez son más frecuentes las consultas por lesiones cutáneas detectadas de forma casual frente al espejo, durante una revisión rutinaria o incluso a partir de una fotografía tomada con el móvil.
Durante años, el cáncer de piel se ha explicado con un mensaje sencillo: evitar el sol y usar fotoprotección. Hoy ese enfoque ya no basta. La enfermedad se entiende como un proceso más complejo en el que la prevención, la biología y la inteligencia artificial empiezan a modificar la forma de abordarlo.
Según la guía clínica SEOM-GEM para el melanoma cutáneo, este cambio de enfoque ya está reflejado en la práctica clínica, donde se subraya la necesidad de integrar prevención, estratificación del riesgo y herramientas de apoyo diagnóstico para mejorar el pronóstico.

El melanoma es probablemente uno de los mejores ejemplos de cómo la oncología actual se orienta hacia una detección más precoz y un tratamiento cada vez más personalizado

Esta patología, que celebra su Día Mundial cada 23 de mayo, presenta más de 20 000 nuevos diagnósticos anuales, según estimaciones del Observatorio del Cáncer. De ellos, alrededor de 14 800 corresponden a carcinomas cutáneos no melanoma y unos 6 000 a melanoma, la forma más agresiva.
"El melanoma es probablemente uno de los mejores ejemplos de cómo la oncología actual se orienta hacia una detección más precoz y un tratamiento cada vez más personalizado. Sabemos que el pronóstico cambia radicalmente en función del estadio al diagnóstico, por lo que identificar lesiones en fases iniciales tiene un enorme impacto en supervivencia", dice a SINC Eva Muñoz Couselo, adjunta del Servicio de Oncología Médica del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona.
"Además, factores como el grosor tumoral, la ulceración, la afectación ganglionar o el perfil molecular, especialmente la mutación BRAF, permiten estratificar mejor el riesgo y adaptar tanto el seguimiento como las decisiones terapéuticas", continúa Muñoz Couselo, que lidera la Unidad de melanoma y otros tumores cutáneos del centro catalán.
Imagen creada por IA a partir de datos de distribución mundial del melanoma cutáneo por continentes. / Fuente: GLOBOCAN 2022 de la Global Cancer Observatory (IARC/OMS)
Un estudio reciente, publicado en el Journal of Clinical Medicine, analiza más de 10 700 tumores cutáneos diagnosticados entre 2014 y 2023 en el Hospital Universitario Central de Asturias y confirma la tendencia clara de que el cáncer de piel no deja de crecer en España.
En menos de una década, el carcinoma basocelular —el más frecuente— aumentó cerca de un 50 %, mientras que el carcinoma escamoso lo hizo en torno a un 80 %. El incremento más llamativo corresponde al melanoma, el tumor más agresivo, cuya incidencia se disparó un 159 %, pasando de 8,85 a 18,5 casos por cada 100 000 habitantes.

Ha aumentado la necesidad de consultas de consejo, seguimiento prolongado y manejo de supervivientes, ya que afortunadamente muchos pacientes viven más años

“Este patrón no puede explicarse solo por un mejor diagnóstico. Detrás hay factores como la exposición acumulada a la radiación ultravioleta y el envejecimiento de la población. Entre el 90 y el 95 % de los casos están relacionados con el sol”, apuntan los autores. Cerca del 80 % de los melanomas se detectan ya en fases iniciales o incluso in situ, lo que refuerza el papel clave de la detección en fases tempranas.
"Estamos viendo cada vez más pacientes, tanto en estadios iniciales como avanzados, lo que obliga a reforzar el trabajo multidisciplinar entre dermatología, anatomía patológica, cirugía, medicina nuclear, radiología y oncología médica. También ha aumentado mucho la necesidad de consultas de consejo, seguimiento prolongado y manejo de supervivientes, ya que afortunadamente muchos pacientes viven más años gracias a los nuevos tratamientos. Esto implica no solo tratar mejor, sino también organizar mejor la asistencia", subraya Muñoz Couselo.
La fotoprotección continúa siendo la piedra angular en la prevención del cáncer de piel. / Wikipedia
La fotoprotección continúa siendo la piedra angular en la prevención del cáncer de piel, según un estudio publicado en la revista Cancers. Pero los especialistas insisten en que protegerse ya no significa únicamente 'ponerse crema'.
“El uso diario de fotoprotectores está respaldado por una evidencia sólida en prevención y por estudios a largo plazo que muestran una reducción del melanoma con su uso regular”, subraya a SINC Yolanda Gilaberte, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Miguel Servet de Zaragoza y presidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología.
Un estudio previo realizado en Nambour (Australia) mostró que la aplicación diaria de fotoprotector reducía tanto el carcinoma escamoso como el melanoma invasivo en un entorno de alta incidencia como el australiano, marcado por la latitud y el predominio de fototipos claros.

El uso diario de fotoprotectores está respaldado por una evidencia sólida en prevención y por estudios a largo plazo que muestran una reducción del melanoma con su uso regular

La exposición acumulada a la radiación ultravioleta sigue siendo determinante, especialmente cuando comienza en edades tempranas.
“En el melanoma influyen múltiples factores como las quemaduras solares en la infancia y la adolescencia, la exposición intermitente intensa, el fototipo, la genética o el número de lunares”, explica Gilaberte.
La estrategia preventiva se está ampliando hacia un enfoque más integral que combina conductas, innovación en formulaciones y mecanismos biológicos de reparación del daño celular.
Más allá de evitar las quemaduras solares, las formulaciones actuales buscan proteger frente a distintas formas de radiación y no solo frente a las quemaduras solares.
“En la práctica, para uso diario se recomienda un factor de protección solar (SPF) 30 o superior, y SPF 50/50+ en personas de mayor riesgo. Pero el SPF solo mide la protección frente a UVB, y también es fundamental asegurar una buena protección UVA (luz ultravioleta invisible proveniente del Sol), aplicar la cantidad adecuada y reaplicar”, indica a SINC Tamara Gracia-Cazaña, coautora del estudio en el Hospital Miguel Servet.

El SPF solo mide la protección frente a UVB, también es fundamental asegurar una buena protección UVA, aplicar la cantidad adecuada y reaplicar

Los investigadores recuerdan que la radiación UVA está presente todo el año, incluso en días nublados, y atraviesa nubes y cristales. Se trata de una radiación silenciosa pero constante, responsable del fotoenvejecimiento y también implicada en el cáncer de piel.
Además de los filtros solares clásicos, empiezan a incorporarse estrategias biológicas complementarias, como enzimas reparadoras del ADN, antioxidantes y compuestos oralmente activos que intervienen en el estrés oxidativo y en los mecanismos naturales de reparación celular.
Estas sustancias no sustituyen a los filtros solares, sino que actúan como apoyo adicional para reforzar las defensas cutáneas frente al daño inducido por la radiación. Entre estas líneas de acción, la nicotinamida -también conocida como niacinamida- destaca por su capacidad para reducir nuevas lesiones en pacientes de alto riesgo. Otros compuestos, como algunos antioxidantes, muestran resultados más variables.
El resultado es una paradoja aparente: aumenta la incidencia, pero la mortalidad por melanoma se ha estabilizado gracias al diagnóstico precoz y a los nuevos tratamientos.
Claves para usar bien las cremas solares en verano. / SINC (Wearbeard)
Las expertas piden prudencia ante los mensajes alarmistas sobre los fotoprotectores. Recuerdan que las agencias reguladoras siguen evaluando su seguridad y existen alternativas seguras, como filtros minerales y compuestos orgánicos de gran tamaño que no se absorben a través de la piel.

El gran cambio ha sido la llegada de la inmunoterapia y de las terapias dirigidas frente al gen BRAF

Mientras tanto, los casos siguen aumentando, pero la mortalidad por melanoma se ha estabilizado —e incluso reducido en algunos países— gracias a los avances terapéuticos. El carcinoma escamoso, en cambio, sigue creciendo con el envejecimiento de la población.
"El gran cambio ha sido la llegada de la inmunoterapia y de las terapias dirigidas frente al gen BRAF. Hace apenas diez años, el melanoma metastásico tenía un pronóstico muy limitado, mientras que hoy podemos hablar de supervivencias prolongadas e incluso de respuestas mantenidas a largo plazo en un porcentaje relevante de pacientes. Además, estos tratamientos han pasado también a fases más precoces de la enfermedad, lo que está cambiando por completo la estrategia terapéutica", enfatiza Muñoz Couselo.
La combinación de más supervivencia, seguimiento prolongado y aumento sostenido de casos obliga además a replantear cómo se organiza la atención al paciente. Parte de esa transformación pasa por incorporar herramientas capaces de ayudar en el cribado y la priorización de lesiones sospechosas.
Con el objetivo de detectar lesiones sospechosas con mayor rapidez y precisión, distintos grupos de investigación están desarrollando sistemas de inteligencia artificial aplicados al análisis de lesiones cutáneas con potencial maligno.
Un estudio publicado en Scientific Reports, con participación española, analizó 79 000 imágenes clínicas de casi 20 000 pacientes y desarrolló un sistema capaz de distinguir entre lesiones benignas y malignas combinando imagen y datos clínicos del paciente.
“Nuestro modelo SKINTEL® no se limita a analizar el registro de la lesión dermatológica. Combina la imagen con 22 variables clínicas del paciente, lo que aporta un contexto individualizado. Factores como la edad, el historial familiar, el fototipo de piel o el color del cabello influyen de manera decisiva en el riesgo real”, apunta la investigadora española de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Alba García Seco de Herrera, coautora del estudio.

Nuestro modelo no se limita a analizar el registro de la lesión dermatológica. Combina la imagen con 22 variables clínicas del paciente

Lesiones visualmente muy similares pueden tener significados clínicos distintos en función de estos datos. Al cruzar imagen y metadatos, el sistema mejora notablemente su capacidad para descartar lesiones benignas. “Esto puede traducirse en menos biopsias innecesarias, consultas de seguimiento y una menor carga para el sistema sanitario”, asegura.
SKINTEL® surgió de una colaboración previa entre la Universidad de Essex (Reino Unido) y la empresa Check4Cancer, y actualmente se encuentra en proceso de validación clínica y regulación para su uso asistencial. “Ha demostrado una sensibilidad del 99,5 % en la detección de casos malignos”, subraya la científica de la UNED.
No obstante, su incorporación a la práctica clínica todavía requiere validación externa, integración en los circuitos asistenciales y evaluación de posibles sesgos.
Generación de mapas de calor utilizando Grad-CAM para comprobar si el modelo está enfocado en el área correcta de la lesión. / Scientific Reports
Eso sí, los autores subrayan que estos sistemas no sustituyen al especialista. "La IA puede ser una gran aliada, especialmente en el cribado inicial, la priorización de lesiones sospechosas y el apoyo a dermatología en la toma de decisiones. Puede mejorar la precisión diagnóstica, reducir retrasos y optimizar recursos, especialmente en sistemas sanitarios con alta presión asistencial. Su mayor valor probablemente estará en combinar rapidez, accesibilidad y capacidad de estratificación del riesgo", recalca Muñoz Couselo.
El objetivo es que este tipo de modelos se utilicen como ayuda a la decisión clínica. “Tiene el potencial de reducir listas de espera, optimizar el tiempo de los especialistas y permitir que se concentren en los casos que realmente requieren intervención urgente”, recalca la investigadora.
El cáncer de piel refleja la transformación estructural de la oncología contemporánea: detectar antes, intervenir mejor y sostenerlo en un sistema sanitario cada vez más presionado.
Infografía fruto del convenio de colaboración firmado en 2018 por REDECAN y SEOM