Dos grupos de investigadores, liderados por la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU), han observado por primera vez qué ocurre en los primeros instantes en los que un agujero negro absorbe a una estrella. Lo sorprendente de este hallazgo es que brinda una oportunidad única de estudiar cómo brilla el chorro relativista de materia que se emite en los inicios del fenómeno.
Una investigación internacional, liderada por el Imperial London College (Reino Unido) y en la que participa el Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), ha observado el quásar más lejano y brillante en el infrarrojo, denominado ULAS J1120+0641. Su luz ha tardado en llegar a la Tierra 12,9 mil millones de años.
Recreación artística del quásar observado.
Esta nueva imagen revela una gran nebulosa alrededor de la estrella súper gigante. La imagen del VLT muestra la nebulosa circundante, mucho más grande que la estrella misma, extendiéndose 60 mil millones de kilómetros desde de la superficie de la estrella, lo que equivale a unas 400 veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
Recreación de la estrella cuando empieza a ser absorbida por el agujero negro.
El satélite de la NASA Swift detectó el pasado 28 de marzo una inusual emisión de rayos gamma: Sw 1644+57. Ahora, dos equipos de científicos, algunos españoles, plantean en Science que esta explosión pudo tener su origen cuando un agujero negro gigantesco se ‘tragó’ a una estrella del tamaño del Sol.
Un estudio internacional, publicado en la revista Nature, revela que los rayos-X son la fuente de energía responsable del aumento del brillo observado en la supernova más cercana y brillante de la Vía Láctea, la SN 1987A, desde 2001.
El planeta gigante en tránsito ('Júpiter caliente') orbita muy cerca de la estrella y en una dirección opuesta a la rotación de ésta. Su movimiento es fruto de las perturbaciones gravitacionales de otro planeta más lejano (situado en el extremo superior izquierdo de la imagen).
Las primeras estrellas tenían una masa ocho veces superior a la del astro Sol. Imagen: NASA
El satélite de la NASA ha logrado medir con una precisión sin precedentes las oscilaciones o vibraciones de una población de 500 estrellas similares al SoL. Con estos datos, inexistentes hasta la fecha, se podrán comprobar o refutar los modelos clásicos sobre formación y evolución estelar. Antes de Kepler, se conocían con detalle sólo 25 estrellas de tipo solar. Los nuevos datos de conjunto permitirán adentrarse en el pasado y el futuro del Sol y de la Vía Láctea.