Los conflictos armados de Siria, Ucrania o la República Democrática del Congo, entre otros países, suman cada día cientos de pérdidas humanas de civiles. A ellos se unen los animales salvajes, que se convierten en víctimas silenciosas de unas guerras en las que no han elegido bando. El ibis eremita en Siria o el elefante africano, amenazado por el comercio del marfil, quizá sean las últimas especies que causen baja.
Una cría de elefante queda huérfana tras la muerte de su madre. Cada año, 50.000 elefantes mueren en África por el comercio ilegal de marfil. / Shivani Bhalia (Save the Elephants)
Investigadores de la Universidad de Washington (EE UU), en colaboración con la INTERPOL, han analizado el ADN de 14 toneladas de colmillos de elefante incautados desde 1996 para rastrear su procedencia. Los resultados indican que, en la última década, la caza furtiva se ha concentrado en dos zonas de África: la sabana que se extiende entre Tanzania y Mozambique, y la selva protegida que atraviesa Gabón, República del Congo, Camerún y República Centroafricana.
La caza furtiva de rinocerontes y elefantes ha crecido un 63% en los últimos diez años en el continente africano, donde entre 470.000 y 690.000 de estos mamíferos sufren una persecución constante, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Cuatro estudiantes de la Universidad Politécnica de Cataluña han diseñado y creado un dron para combatir esta actividad cinegética ilegal en los parques nacionales africanos.
Entre los años 2010 y 2012 los cazadores furtivos fueron culpables del 7 % de las muertes de elefantes en África, y en 2013 la tasa superó el 5 %. Así lo estima un modelo desarrollado por investigadores de Kenia, EE UU y Reino Unido, que basan su estudio en los cadáveres de estos grandes mamíferos encontrados en la reserva keniata de Samburu, la evolución del mercado del marfil y los datos demográficos de las especies.
Investigadores de la Universidad de Sevilla han descubierto restos óseos y dentarios de presencia de elefantes e hipopótamos en la ribera del Guadalquivir durante el Pleistoceno Medio (780.000 a.C.-120.000 a.C.). También han encontrado restos de caballos y uros, una variedad salvaje del toro, ya extinguido. Los trabajos se han desarrollado en la localidad sevillana de La Rinconada.
¿Qué pasaría si un grupo de elefantes o rinocerontes salvajes campasen en la actualidad por el continente europeo? Esta es la propuesta de un grupo internacional de investigadores que ha estudiado la composición del paisaje del período interglacial anterior al actual –hace entre 132.000 a 110.000 años– en Europa. Su investigación muestra que el paisaje prehistórico era un mosaico variado de bosques estructurados por los grandes mamíferos.